Pueden jactarse de ser una de las clínicas veterinarias más antiguas de la ciudad. Sus 22 años atendiendo, sanando y salvando vidas, así lo avalan.
Hoy el equipo está integrado por tres veterinarios y dos auxiliares, además de un servicio externo de peluquería y, aunque en un principio fue José María Jiménez quien se puso al frente de esta empresa, desde hace tres años y medio la Clínica Veterinaria Real 90 se ha convertido en una comunidad de bienes, también integrada por Marcos Ríos.
Empresa puntera en veterinaria, la clínica ofrece servicios de ecografía; cirugía menor y mayor; radiología digital; analíticas; quirófano totalmente equipado con monitorización avanzada y ventilación mecánica, entre otros. Pero también persigue que sus clientes obtengan el mejor tratamiento, y para ello cuentan con el diagnóstico de dos especialistas, en Traumatología y en Endoscopia, que se trasladan desde la península, para atender casos específicos. “Este servicio no supone un coste adicional, porque estos veterinarios cobran lo mismo que en su consulta de la península”, explica Jiménez, aclarando que Real 90 no obtiene ningún beneficio económico por esta consulta, “sólo queremos ofrecer el mejor servicio a los clientes, sin que tengan que trasladarse con su animal hasta la península”.
En 22 años de trabajo, son muchos los casos con los que se ha encontrado este equipo, uno de los primeros el de un cachorro de perro aquejado de megaesófago y regurgitación. “Era un diagnóstico difícil, la causa era una ingestión crónica de plomo. Comprobamos que sus dueños estaban cambiando las tuberías y las llevaba royendo desde hacía semanas”. Un antídoto contra el saturnismo crónico del animal (intoxicación por plomo) solucionó el problema y salvó su vida. Pero la clínica no ha atendido únicamente perros o gatos. Jiménez recuerda divertido el día que llegó a su consulta y en la puerta vio “un perro muy raro tapado con una manta junto a un legionario”. El ‘raro’ animal resultó ser el cordero de la Legión que sufría una indigestión, “y que fue atendido de la misma manera que se atiende a un perro”.
Después de más de una veintena de años al pie del cañón, en los que también han colaborado con otras clínicas, este equipo de profesionales afronta el futuro con unas expectativas muy claras: convertirse en un centro de referencia con un equipo de profesionales en constante superación. “Queremos mejorar cada vez más tanto en tratamiento como en diagnóstico. Trabajamos en superarnos a diario para ofrecer el mejor servicio”, indica Jiménez quien, a nivel personal, también se plantea como objetivo “mejorar al máximo en mis áreas favoritas: anestesiología y medicina interna”.
Y esa superación se traducirá en un hecho evidente: en la mejora de la calidad de vida de nuestras macotas.










