Decíamos el otro día que habrá un antes y un después en la lucha contra el yihadismo tras los atentados en París. Ayer más de cuarenta mandatarios mundiales caminaron durante tres kilómetros por las avenidas parisinas para demostrar esa unidad en lucha contra el terror. Una unidad que está basada en un modo de vida, en unas creencias
basadas en la libertad y que los extremistas lo único que busca es la destrucción de los principios que nos hemos dado desde hace siglos. Ayer, la cumbre de mandatarios mundiales sirvió igualmente para que los ministros de Interior de varios países europeos y también de Estados Unidos pusieran encima de la mesa la necesidad de combatir este tipo de terrorismo con la puesta en marcha de medidas que, por supuesto, han de establecerse a la perfección en la balanza de no intromisión en los derechos individuales de las personas. Lo que no puede ser es que esas premisa de libertad de circulación entre los países de la UE sirva como un arma que utilizan estos yihadistas para buscar ocultarse de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. El equilibrio entre seguridad y libertad siempre ha sido difícil, pero hay mecanismos que se necesitan recuperar si de verdad se quiere estar atentos a este tipo de horror. Lo que no pueden es socavar nuestros cimientos de democracia.





