Las escenas se pueden ver a diario en el puerto. Inmigrantes que suben a los techos de la estación marítima, que se descuelgan desde más de 6 metros de altura sobre los camiones, que fuerzan candados para meterse en los vehículos que trasladan los lodos de la EDAR.
Adultos, pero también menores que habitan la zona portuaria y que arriesgan sus vidas para llegar al otro lado. Esta es la historia de cada día, la historia a la que difícilmente se le puede poner un remedio desde que la propia burocracia permite que exista un círculo de trabas que facilita un uso perverso de la protección internacional del asilo amén de un riesgo innecesario para estas personas. Lo que a diario está sucediendo en el puerto es digno de análisis y de toma de decisiones que tengan sentido, que aporten resultados, que sirvan para evitar una inseguridad permitida, que sucede a la vista de todos y que termina desmoralizando a las fuerzas de seguridad, encargadas de evitar que se produzcan estos pases. ¿Qué puede hacerse ante esto?, ¿qué medidas de control deben ejecutarse ya no solo para proteger a los propios inmigrantes sino para recuperar la normalidad en la zona garantizando la tranquilidad a comerciantes y a profesionales del transporte que sufren acosos constantes?
La realidad es que la situación no puede seguir así por más tiempo. Ni mucho menos hacer la vista gorda con la cantidad de menores que están deambulando por la zona, que dormitan en el puerto y que intentan a diario colarse en los barcos. Con ellos mucho menos, primero por la vulnerabilidad; segundo por la necesidad de protección que deben tener; y por último, porque pueden ser víctimas de abusos, de explotación y utilización delictiva por parte de adultos. La solución a lo que sucede en el entorno portuario no compete a las fuerzas de seguridad, convertidas en meras ‘asustadoras’ porque ni tan siquiera tienen capacidad alguna para detener a quienes, siendo residentes del CETI, tienen libertad de movimiento. La solución que debe adoptarse para recuperar el control y la seguridad en la zona tiene que venir de unas administraciones que, a la vista de los hechos, no están siendo capaces de dar con la tecla. De tardar, puede ser demasiado tarde.





