El protocolo que debe funcionar ante situaciones de riesgo como la ocurrida ayer en el puerto fue adecuado. La alerta provocada por el fuerte olor a gas hizo temer una fuga que llevó a que la Policía portuaria comenzara a desalojar las diferentes zonas de la estación.
Los agentes actuaron correctamente, aun sin saber todavía el origen de ese olor. Cuando ya se supo que procedía de una maleta repleta de botellas con isopreno, se continuó con las medidas oportunas para frenar cualquier consecuencia negativa que éstas podían haber causado. Policía Nacional, Bomberos y el máximo responsable en materia de Seguridad y Medio Ambiente de la Autoridad Portuaria se coordinaron adecuadamente para efectuar el traslado de esta sustancia altamente tóxica evitando un mal mayor. El de ayer fue el mejor de los simulacros, aunque tristemente real, que podría haberse llevado a efecto ante una situación que no era previsible. A nadie se le puede ocurrir que se pretenda llevar a cabo este traslado por un cauce anormal cuando existe un transporte específico para los productos químicos. El error se cometió y ahora será la Autoridad portuaria la que tenga que evaluar las sanciones oportunas. El riesgo evidente fue controlado por la efectiva y buena actuación de los presentes quienes, cada uno con sus competencias, mostraron su profesionalidad ante una situación grave que llevó a que el propio delegado del Gobierno y su jefe de gabinete se desplazaran al lugar y estuvieran en todo momento allí.





