La Guardia Civil salva vidas. Lo hace habitualmente. Es su trabajo. Los hombres y mujeres que componen las filas del Instituto Armado tienen que cumplir el conjunto de normas y leyes ideadas por los países que, tras dibujar un laberinto de fronteras, quieren garantizar su blindaje.
Detrás de esos números, de esos uniformes hay padres y madres que sufren con el drama del otro pero que se ven encorsetados por las normas, por las leyes, por las obligaciones.
Durante los últimos meses la Benemérita ha sido atacada sin piedad, vapuleada, tildada de asesina, puesta en cuestión en foros de todo tipo: sociales, periodísticos o políticos. No se le ha querido escuchar, no se le ha querido creer, se ha apostado por lo fácil: hacer leña del árbol caído explotando de manera torticera la muerte de 15 inmigrantes. Prácticamente sin apoyos y sin respaldos, los agentes han superado todos estos meses haciendo lo que saben hacer en una frontera como la de Ceuta. Atender emergencias, acudir ante las alertas, hacer cumplir la ley y atender al que llega a nuestras costas. Hombres, mujeres y niños que dejan atrás una vida de penurias, de incertidumbre, que buscan únicamente calor, apoyo y cobijo en este otro mundo.
Hace un mes los agentes de este Cuerpo sacaban de entre las rocas a una embarazada de gemelos cuya embarcación llegó hasta La Bolera, en San Amaro. Poco después auxiliaban a 31 subsaharianos hacinados en una lancha en alta mar. Ayer trasladaban a puerto a mujeres y bebés de una lancha de hasta 45 sin papeles. ¿Quién habla de esto?, ¿quién bombardea con estas noticias?, ¿quién difunde esas imágenes, esos rostros de guardias civiles felices por el deber cumplido?, ¿por qué no interesan?
La labor fronteriza es complicada, el trabajo día y noche en unas fronteras olvidadas por Europa es desconocido pero la presencia de la Benemérita es constante, permanente, callada. Ellos están ahí, hacen su trabajo, empatizan con esos inmigrantes que bien pudieran ser sus hijos, sus esposas, sus maridos, sus hermanos...
Hoy han salvado vidas. Hoy han dado un futuro a estas personas. Hoy, como siempre, han estado donde debían estar. Gracias.





