La posible captación de jóvenes que tengan experiencia militar constituye la sombra que permanente afecta al Ministerio de Defensa.
Oficialmente se jacta de disponer de controles tan férreos sobre sus soldados, que sería imposible que existiera una vinculación entre grupos radicales y captados dentro del Ejército. Los hechos, no obstante, demuestran que ha habido detenciones de exmilitares incluso señalados como presuntos líderes de estos grupos como sucedió hace unos meses con un melillense asentado en Nador.
El Ejército constituye hoy por hoy una salida económica para muchos jóvenes que se encuentran con todas las puertas cerradas en lo lícito y demasiadas abiertas en el ámbito de lo ilícito. Quien elige el primero de los caminos sabe que tiene por delante un futuro con fecha de caducidad salvo que ascienda a sargento o se forme adecuadamente para quedarse como tropa permanente. Para ambas alternativas se requiere una mayor preparación que, en el caso de estos jóvenes, no existe.
“Una vez acaba su posibilidad de quedarse, se va a la calle con años de experiencia”, indica una fuente policial. En el caso de Ceuta, el haber estado en unidades como La Legión o Regulares asegura una experiencia más que notable, lo que puede convertir a estos jóvenes, tras salir del Ejército o aun quedándose en él, en objetivo de captación. Personas frustradas, sin salidas laborales, con familias a su cargo y con conocimientos adquiridos pueden terminar envueltos en grupos radicales, más si cabe en una ciudad en donde estos mismos grupos han llegado a tener tanto poder que han echado a los legítimos responsables de templos de culto. A pesar de esto las fuerzas de seguridad no se atreven hoy por hoy a hablar de una captación especial sobre los soldados, a pesar de analizar con detenimiento algún caso de deserción.






