Hoy el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, se va a entrevistar con la comisaría de Interior, Cecilia Malmstrom. No se prevé que sea un encuentro agradable, puesto que el enfado que existe en estos momentos por parte del Gobierno español con las distintas declaraciones efectuadas por la sueca han llevado casi a un punto de no retorno. La comisaría de Interior, de los países del Norte, parece no comprender que esta esa la entrada en la casa común, que no es otra que Europa y que ni Ceuta ni Melilla son territorios abandonados por nadie. Bien haría, por supuesto, esta política sueca en preocuparse, en primer lugar, de visitar a la mayor urgencia posible las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Eso sería lo primero y luego, poner en marcha medidas urgentes que permitan un control en condiciones de dos fronteras europeas. Porque al fin y a la postre aquí se para una inmigración que ni quiere estar en Ceuta, ni siquiera en España, sino que desea pasar de los Pirineos hacia arriba. Fernández Díaz, por supuesto, sabrá defender, como siempre lo ha hecho, los intereses de nuestro país y por supuesto los de Ceuta y exigirá hasta donde le sea posible. Y lo que deberían hacer las instituciones europeas es ponerse a trabajar para dar una respuesta adecuada a un problema que padecemos, pero que no es solo nuestro.




