El Puerto ha tenido la mala suerte de enfrentarse, en estos últimos años, a la presencia de barcos que terminaban siendo abandonados en la ciudad, convertidos en buques chatarra. No solo ocasionaban gastos a la Autoridad, sino que ocupaban espacio evitando el atraque de otros barcos y generaba problemas de inseguridad. Desde el Globe hasta el Rhone, pasando por el Chariot o el Orobica, el Puerto se ha topado con entuertos difíciles de resolver, viéndose obligado a realizar muchísimas gestiones para poder terminar con estas auténticas pesadillas. Esos trámites del personal de la Autoridad están dando sus frutos y poco a poco Ceuta va desprendiéndose de esos barcos chatarra recuperando el espacio y el lugar que debe tener como foco de atención y atracción de otro tipo de mercados. Es obligado reconocer el trabajo que ha existido detrás de todo este proceso que tiene por objetivo dejar de lado esta etapa y centrarse en la que le es merecida, por imagen, a Ceuta. La acumulación de toneladas de chatarra inservibles terminaba por convertirse en un grave problema con resolución compleja que podía dar al traste con los proyectos de expansión y captación de clientes que tiene encima de la mesa la cúpula responsable de la gestión portuaria en la ciudad, encabezada por José Torrado. Quedan fases del proceso por cumplir, pero se está en el buen camino para recuperar una ansiada normalidad.




