El documento presupuestario para el próximo año es ya una realidad. Decía hace unos días el propio presidente Vivas que una cosa era consensuar con la oposición y estar abiertos a mejorar el documento y algo bien distinto era darle una vuelta como un calcetín o un giro de ciento ochenta grados. Hemos defendido siempre que un documento presupuestario no es otra cosa que la señalización monetaria de las prioridades de un Ejecutivo para todo un ejercicio presupuestario. Y ese Gobierno tiene el derecho de sacarlo adelante si cuenta con la mayoría suficiente, porque no deja de ser una correa de transmisión de ese apoyo que le ha dado la ciudadanía a través de las urnas. Porque algunos olvidan que la democracia es una sistema, no solamente el menos malo de los sistemas, muy sencillo. Funciona a través de las mayorías consolidadas. Y mientras las minorías, que también tienen sus derechos como no podía ser de otra manera, presentan alternativas para que los ciudadanos conozcan sus proyectos, pero no deben revolverse cuando por las razones que sean no les tienen en cuenta sus argumentos. Y esas minorías tienen cuatro años por delante para controlar a la mayoría y cuando llegue el momento oportuno hacer un balance delante de la ciudadanía, al igual que quien ostenta la mayoría hará lo mismo. Todos pasan el examen, tanto el Gobierno como la oposición, ante un tribunal que es lo suficientemente listo como para conocer a todos y cada uno de ellos. Porque si a estas alturas alguien pone en duda que la soberanía popular reside en el pueblo y no en las élites es que se equivoca y está en el mal camino. Ceuta tiene ya sus Presupuestos, buenos para el Gobierno y malos para la oposición. Así es la balanza política, pero no por ello tanto Caballas como el PSOE deben demonizar al Gobierno de Vivas como si nada más que existieran determinadas maneras de gobernar. Y hay tantas como ciudadanos existen. Es como lo del fútbol, donde todos somos seleccionadores nacionales.





