Lo que ha llevado a esta acusación esconde una investigación previa con la que se ha conseguido saber que el dueño del vehículo quemado había pagado a dos personas para que le quemaran el coche, previendo así el cobro de la indemnización por parte de la compañía de seguros.
Gracias a la colaboración ciudadana, la Policía supo que los autores del incendio se habían desplazado en un Renault Twingo a la calle Doctor Marañón. Localizado el turismo dieron con los que lo habían usado, que, tras el posterior interrogatorio confesaron que el dueño del coche quemado les había pagado un dinero por ejecutar tal acción.
Conocida tal confesión, se pudo proceder a la localización del dueño del BMW, quien reconoció a la Policía que, efectivamente, había pagado un dinero para que la pareja interceptada le quemara el coche y así poder cobrar la indemnización, lo que supone la comisión de un delito de estafa pretendida a la compañía de seguros, aprovechando la simulación de dicho delito. No es la primera vez que la Policía esclarece delitos de incendios con este origen de por medio.
Un hecho habitual enrocado en estos casos
La organización premeditada de quema de coches no es algo anecdótico y propio del caso ahora publicitado por el Cuerpo Nacional de Policía. Atrás quedan otros episodios en los que el motivo ha estado relacionado directamente con la maquinación de una quema, la posterior simulación de un delito y el pretendido cobro de una indemnización. Ha sucedido ahora, pero este mismo hecho se convierte en habitual dentro de la maraña de casos que rodean a los delitos de daños. En el recuerdo queda el episodio de la quema de un coche en uno de los garajes de la promoción de Parques de Ceuta, que obedeció a esta misma intención, o la de otro vehículo que dejó a dos personas heridas graves al no poder controlar esta acción.






