Son numerosos los ejemplos en la historia que hablan de momentos agresivos detonantes de un conflicto internacional. Uno de ellos (7 de diciembre de 1941, ataque japonés a Pearl Harbour), fue definido por Franklin D. Rooselvet como “Día de la Infamia”.
Es, exactamente lo mismo que ha ocurrido con Ceuta (30-31 de julio de 2026), aunque con un procedimiento operacional distinto: una sorpresiva y no declarada invasión “pacífica” permitida por el gobierno de Marruecos con la indudable aquiescencia de su rey alauita, explotando a miles de súbditos. El fin: desestabilizar e implosionar a un estado extranjero, repitiendo sobre una ciudad española la intervención de 1975 (“Marcha Verde”) en el Sahara español.
Las diferencias entre ambos sucesos de los siglos XX y XXI estriban en la acción ofensiva desencadenante del enfrentamiento o de la escalada de la crisis: violenta bélica mediante fuerzas militares; presión híbrida utilizando a escudos humanos. Y también en la reacción de los gobiernos golpeados: firmeza, contundencia y resiliencia por parte de Estados Unidos de América (y posterior victoria militar de consecuencias geopolíticas duraderas); endeblez conexa a docilidad, ineptitud, dubitación estratégica y soluciones fallidas por parte del gobierno socialista de España. Éste, caracterizado por una reprochable deficiencia operativa institucional asociada irrevocablemente tanto a los enfrentamientos internos, a las falsedades y a las públicas contradicciones de sus representantes ministeriales, como a una notoria imagen de desidia, vacilación e irresponsabilidad de su agazapado vacacional jefe de gabinete (Sánchez-Castejón, Pedro).
Los resultados ante la historia de ambos infames días son evidentes. En cuanto a la gobernanza, ejemplaridad norteamericana y desprestigio internacional socialista español.
En lo que respecta a las cruentas estadísticas, muerte de 2403 estadounidenses durante el bombardeo japonés y ahogamiento de 140 personas, procedentes de la Yebala, durante la afrenta invasora marroquí.
Algún gobernante deberá pagar ante el mundo (Unión Europea incluida) como incitador de un conflicto, y ante la Corte Penal Internacional por crimen de lesa humanidad; otro, sumiso a aquél, ya está pasando ante el juicio histórico como incompetente y execrable aspirante a autócrata.






