Los últimos episodios de maltrato animal registrados en Ceuta han provocado una oleada de indignación entre la ciudadanía ceutí.
Una oca, cuyas imágenes mostraban cómo le habían atado las patas en la zona del pantano y estaba lista para ser llevada y una cría de delfín, que habría sido objeto de maltrato este jueves en la playa del Trampolín, han despertado un debate sobre la protección de los animales en las calles de la ciudad tras la invasión.
No es una sorpresa
Durante la mañana de este viernes, El Faro salió a las calles para preguntar a los ceutíes cómo han recibido estas noticias.
Las respuestas reflejan sentimientos de tristeza, incredulidad, indignación e impotencia. Para algunos, se trata de hechos absolutamente inesperados en la ciudad y otros aseguran que, ante la situación que atraviesa Ceuta, ya “no les extraña nada”.
"Es crueldad no la entiendo"
“Está muy mal que maten a los animales, me dan pena, me hace llorar y todo”, confesaba una vecina.
“Esto a nosotros nos llama la atención porque no haríamos nada de eso. La gente puede entender el hambre, pero esa crueldad no la entiendo”, señala otro ciudadano, que considera todavía más grave que se trate de animales de corta edad. “Y más una cría de delfín, a una oca…”, añade.
Otros entrevistados directamente califican los hechos de “salvajada” y aseguran que no creen que un ciudadano ceutí pudiera protagonizar algo semejante. “Yo creo que no, nunca. Además, ya con el tiempo que llevamos mentalizándonos con el tema de los animales no creo que a nadie se le ocurra”, afirma un ceutí.
"No me extraña ya nada"
La sucesión de episodios también ha generado entre algunos ciudadanos una sensación de hartazgo.
“Pues la verdad que después de lo que está pasando no me extraña ya nada, hija”, responde una vecina.
Otro entrevistado ha asegurado que “he visto lo del delfín y lo del pato y me parece excesivo”.
En este contexto, algunos ciudadanos ponen el foco en la sensación de falta de respuestas por parte de las administraciones.
"No sabemos cuál es la solución"
“Es que es lo que no sabemos, cuál es la solución. Parece que se aburran ellos, que nos aburramos nosotros…”, lamenta un vecino con gesto de resignación mientras reclama conocer cuántos expedientes se están realizando y cuántas personas están siendo expulsadas.
“Bueno, pues aquí pagamos todos los impuestos, pero no nos dan respuesta ni el Gobierno ni nada”, añade, visiblemente molesto.
"Si lo hiciera un español, se nos cae el pelo"
La comparación con lo que ocurriría si los autores fueran ciudadanos españoles aparece también en algunas de las conversaciones mantenidas en la calle.
“Después lo hace un español, con derechos y obligaciones, y se nos cae el pelo. Pero claro, vienen ellos con derechos, no obligaciones y ya está”, sostiene una vecina joven.
“Mi más humilde opinión es que llegar a esos puntos es bastante grave. Pero también pienso que la circunstancia, no lo justifico para nada, me parece muy violento y más siendo de forma agresiva. Pero también al final esta situación es a lo que lleva el hambre y la desesperación. Lleva a hacer cosas desagradables”, relataba otra vecina.
Preocupación por la desaparición de animales en los barrios

Más allá de los casos de la oca y el delfín, algunos ceutíes aseguran haber percibido cambios en la presencia de animales en determinados puntos de la ciudad.
“Yo vivo en Hadú, no se ven las gaviotas, antes se veían mucho, los gatos no están, en Juan XXIII tampoco. Yo no sé lo que está pasando ni lo que están haciendo, pero lo veo una cosa indignante”, relata una vecina.
“Espero que las asociaciones de animales hagan algo por esto y que nos unamos también con esta causa”, concluyó.
"Me parece cruel"
Otro ciudadano recogía el sentir de todos los ciudadanos: “Fatal, me parece horroroso. Las imágenes que se ven cogiendo una oca atada por las patas, el delfín que han matado… me parece cruel”.
Las voces recogidas durante esta mañana dejan así una conclusión común: más allá de las circunstancias que rodean a quienes protagonizan estos episodios, los ceutíes consideran que el maltrato animal no puede normalizarse ni permitirse.
La indignación se mezcla con la tristeza y, en algunos casos, con la preocupación por una ciudad en la que, según denuncian algunos vecinos, cada vez perciben más situaciones difíciles de comprender.






Llamar ANIMAL al que lo hizo, es insultar a los propios ANIMALES....