La disuasión militar sigue siendo imprescindible entre fronteras. España debe mantener frente a Marruecos una superioridad suficiente para que cualquier aventura convencional tenga un coste inasumible, y en mayor o menor medida hoy por hoy la tiene. Pero probablemente estamos concentrando demasiada atención en la guerra que nadie quiere librar y demasiado poca en la presión que sí puede ejercerse.
Porque Marruecos no necesita cruzar militarmente una frontera para poner a prueba a España. Puede hacerlo mediante la inmigración, las relaciones comerciales interfronterizas, la presión diplomática o simplemente administrando con mayor o menor intensidad su cooperación migratoria. Es una forma de desgaste mucho más sofisticada porque se desarrolla por debajo del umbral que justificaría una respuesta militar, e incluso comercial. Nuestra disuasión debería adaptarse a ella.
España y Europa necesitan construir una segunda línea de defensa basada en tres instrumentos.
El primero es una política migratoria menos populista y más realista. Europa debe proteger a quien tenga derecho a protección, pero también debe ser capaz de controlar eficazmente sus fronteras y devolver con rapidez a quienes no tengan derecho a permanecer en su territorio. Una frontera cuya permeabilidad puede regular un tercero termina convirtiéndose inevitablemente en un instrumento de presión.
El segundo es comercial. España debería perseguir una relación económica intensa y mutuamente beneficiosa con Marruecos, pero procurando que cualquier deterioro provocado de esa relación resulte considerablemente más costoso para Rabat que para Madrid. La interdependencia económica es magnífica cuando genera prosperidad compartida; estratégicamente, además, puede convertirse en uno de los instrumentos de disuasión más eficaces que existen.
No se trata de empobrecer a Marruecos. Todo lo contrario. Nos interesa un Marruecos próspero, estable y estrechamente relacionado con Europa. Pero también nos interesa que tenga demasiado que perder como para ser consciente periódicamente que la presión sobre España no en una herramienta política rentable.
Y existe un tercer elemento todavía más importante…
Ceuta, Melilla, e incluso Canarias no pueden seguir dependiendo excesivamente de su condición de territorios europeos situados frente a la frontera africana. Europa debe ayudar a convertirlos en territorios que generen valor para el continente precisamente por su posición geográfica: tecnología, seguridad, economía azul, logística, conocimiento, energía, comunicaciones o servicios avanzados. Cuanto mayor sea su integración económica con Europa, menor será la capacidad de su entorno inmediato para condicionarlos.
Quizá debamos empezar a entender la disuasión de otra manera…los ejércitos seguirán siendo imprescindibles para evitar la guerra, pero frente a las nuevas formas de presión necesitamos también fronteras eficaces, territorios económicamente resistentes y relaciones comerciales construidas de manera que romperlas tenga un elevado precio.
La mejor disuasión no consiste en demostrar que podemos ganar una guerra, sino conseguir que al otro nunca le compense iniciarla.
José María Baselga







Hay un antes y un después del 31 de agosto, España y Europa tienen que cambiar su política exterior con el norte de África y la inmigración, visto lo visto es un arma que utilizan algunos como de Guerra y a los políticos ceuties que cambien el chip, ya es hora