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Innovemos ahora, antes de que el futuro nos alcance

Por José María Baselga
19/08/2026 - 07:47
Imagen de archivo

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Existe una diferencia fundamental entre recibir recursos y generar riqueza. Ambas cosas pueden producir bienestar, pero solamente una de ellas proporciona verdadera autonomía económica.

Ceuta ha aprendido durante décadas a desenvolverse dentro de una situación extraordinariamente compleja. Su reducida dimensión territorial, su condición fronteriza y su discontinuidad geográfica respecto de la península han hecho inevitable una importante presencia de las administraciones públicas y una considerable dependencia de transferencias procedentes del Estado y, directa o indirectamente, de Europa.

Nada hay de reprochable en ello. La solidaridad territorial forma parte precisamente de aquello que permite cohesionar un país y una comunidad política como la europea. El problema aparece cuando lo extraordinario termina convirtiéndose en estructura económica permanente.

Porque una economía excesivamente dependiente de asignaciones presupuestarias vive inevitablemente condicionada por decisiones que se adoptan fuera de su territorio. Cambian los gobiernos, cambian las prioridades, cambian las políticas europeas y cambia también la forma en que se distribuyen unos recursos que siempre serán limitados.

Pero Ceuta afronta una segunda dependencia quizá todavía más delicada. Durante demasiado tiempo hemos contemplado la frontera con Marruecos como una fuente natural de actividad económica. Y es lógico. El comercio, los movimientos de personas, los servicios y las relaciones entre ambos lados forman parte inevitable de nuestra geografía. Marruecos debe ser un vecino con el que comerciar, colaborar y construir prosperidad.

Pero existe una diferencia enorme entre comerciar con tu vecino y depender de tu vecino. Cuando una parte relevante de tu actividad económica está condicionada por una frontera cuya regulación puede modificarse desde el otro lado, incorporas a tu economía una vulnerabilidad que no controlas.

No se trata, por tanto, de alejarnos de Marruecos. Todo lo contrario. Deberíamos aspirar a comerciar mucho más con Marruecos, pero hacerlo desde una economía ceutí suficientemente fuerte y especializada para que esa relación sea de intercambio y oportunidad, no de dependencia.

Ceuta necesita una tercera vía.

Una economía capaz de generar actividades que no existan aquí porque Europa transfiera recursos, porque Madrid compense nuestra singularidad o porque miles de personas atraviesen diariamente una frontera. Actividades que existan en Ceuta porque necesiten estar en Ceuta.

Ahí está probablemente una de las grandes decisiones que esta ciudad deberá afrontar durante los próximos años. Durante demasiado tiempo hemos utilizado nuestra singularidad para explicar nuestras dificultades. Quizá haya llegado el momento de empezar a utilizarla para construir nuestras ventajas. No necesitamos convertir Ceuta en una gran ciudad industrial. Sería absurdo intentarlo…necesitamos convertirla en una ciudad extraordinariamente especializada.

En el mundo contemporáneo, un territorio pequeño puede tener una relevancia enorme cuando concentra conocimiento, capacidades o servicios difíciles de encontrar en otros lugares. La superficie deja entonces de ser una limitación y puede convertirse incluso en una ventaja: obliga a seleccionar, especializarse y competir por valor en lugar de por volumen.

Pero para conseguirlo tendremos que abandonar algunos reflejos profundamente arraigados. Ceuta no puede limitarse a esperar la próxima convocatoria, el próximo presupuesto, la próxima compensación, la próxima negociación bilateral o la próxima decisión sobre la frontera. Las ayudas públicas son necesarias. Pero deberían servir sobre todo para construir capacidades capaces algún día de necesitar menos ayudas públicas.

Ese debería ser uno de los verdaderos indicadores del éxito.

Y también debemos perder el miedo al fracaso. Encontrar una nueva especialización económica significa probar cosas. Algunas funcionarán y otras no. Algunas parecerán inicialmente insignificantes. Otras necesitarán años para madurar. Pero el verdadero riesgo no consiste en equivocarse intentando construir algo nuevo. El verdadero riesgo consiste en no hacerlo porque el modelo actual todavía permite sobrevivir. Las dependencias económicas son especialmente peligrosas cuando resultan cómodas. Mientras funcionan, parecen estabilidad. Sólo descubrimos su fragilidad cuando cambia quien controla aquello de lo que dependemos.

Por eso Ceuta debe empezar a construir hoy una parte mayor de su propio futuro.

No debemos dejar de mirar a Madrid. No debemos dejar de mirar a Bruselas. Y desde luego no debemos dejar de mirar a Marruecos. Pero tenemos que dejar de mirarlos esperando siempre encontrar allí la respuesta. Miremos alguna vez hacia nosotros mismos. Y miremos también hacia aquello que nos rodea, no preguntándonos solamente qué protección, qué financiación o qué compensación podemos obtener, sino qué podemos producir, qué podemos ofrecer y qué podemos hacer mejor que otros.

Ceuta ha dedicado enormes esfuerzos históricos a defender aquello que es. Quizá haya llegado el momento de dedicar el mismo esfuerzo a decidir aquello que quiere llegar a ser.

Necesitamos dejar de ser percibidos únicamente como una pequeña ciudad fronteriza protegida bajo una bandera que ondea sobre el Monte Hacho para convertirnos también en un territorio que produce algo que otros necesitan. Porque la verdadera fortaleza de un territorio pequeño no consiste únicamente en defender sus fronteras…consiste en conseguir que fuera de ellas alguien necesite aquello que ocurre dentro.

Ceuta necesita encontrarse a sí misma.

Necesita transformar su aparente insignificancia territorial en especialización y progreso. Necesita dejar de administrar únicamente sus condicionantes y empezar a explotar sus ventajas. Y entonces quizá dejemos de preguntarnos continuamente qué pueden hacer España y Europa por Ceuta.

Porque habremos empezado a demostrar qué puede hacer Ceuta por Europa.

Innovemos ahora. Porque, si esperamos demasiado, será el futuro quien termine decidiendo por nosotros.

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Comments 1

  1. Ernesto comentó:
    hace 41 minutos

    Totalmente de acuerdo José Maria!!!

    Responder

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