Ausencia de militares en las aceras y normalidad aparente en la frontera de Ceuta es la imagen que deja la mañana de este martes, contrastando con las historias que se escuchan en sus inmediaciones y las nuevas actividades que surgen en la playa del Tarajal: snorkel para visualizar todos los objetos que duermen en el fondo del mar.
Un snorkel que se realiza en unas aguas donde miles y miles de personas han conseguido su cruce a Ceuta y donde otras han perdido su vida, un número elevado de ciudadanos de origen magrebí y subsahariano de los que desconocemos si son portadores de enfermedades extintas en nuestro territorio y que podrían ocasionar grandes daños a la salud pública.
Una playa sin baliza
Cabe poner en duda si la inexistencia de la balización de la zona, aunque aparentemente se intentó hace dos días mediante un trozo de cinta, pero con el objetivo de evitar la entrada de periodistas y curiosos, puede acarrear posteriormente problemas en cuestiones de salud pública y si se debería haber tenido en cuenta ya esta situación que podrían transformarse en un verdadero problema para toda la población.
La presencia militar que marcó jornadas anteriores ha desaparecido y la actividad transcurre con aparente normalidad, aunque el escenario sigue reflejando las consecuencias de una crisis que ha dejado una profunda huella tanto en el entorno como en la población.
Una normalidad aparente
Durante la mañana, el tránsito en la zona era reducido y sin incidencias destacables. Apenas se observan devoluciones y cada vez se ven más personas que cruzan la frontera dentro de la legalidad, una imagen que se observa en la parada de taxi, donde numerosos viajeros esperan su transporte una vez han cruzado al paso fronterizo.
Sin embargo, basta con acercarse a la playa del Tarajal para comprobar que el lugar continúa siendo un símbolo de lo ocurrido.
Entre los bañistas han comenzado a surgir nuevas actividades, como sesiones de snorkel para observar el fondo marino, convertido ahora en un auténtico almacén de objetos abandonados durante los numerosos intentos de entrada.
Una barrera reparada
Por otro lado, al fondo, en el mar, se observa la barrera neumática instalada hace apenas dos días y que este lunes sufrió sus primeros daños cuando uno de los anclajes se soltó.
La instalación que hace de frontera física marítima ya lucía reparada antes de las nueve de la mañana y, aunque dicho incidente no ha afectado a la tramitación de devoluciones en el caso de pase, sí ha despertado la indignación de una ciudadanía que se siente insegura.
El fondo marino, reflejo de la crisis
Continuando con el escenario que deja la frontera, quienes se adentran en las aguas del Tarajal describen una escena difícil de imaginar desde la orilla.
Bajo la superficie permanecen decenas de prendas de ropa que fueron abandonados durante los cruces registrados en los últimos días.
Nordin, vecino de Ceuta, decidió volver a bañarse tras varios días sin hacerlo. Lo que encontró bajo el agua le impresionó profundamente.
Otro mundo bajo el mar
“Es otro mundo. Parece que hay personas debajo del agua, porque hay mucha ropa, muchas zapatillas, muchas gorras, muchos calcetines, zapatos… Hay de todo. Parece otro mundo debajo del mar”.
El ceutí reconoce que el miedo sigue presente incluso a la hora de entrar en el agua, consciente de que miles de personas cruzaron por esa misma zona.
“Sí que da reparo, claro que sí. Llevábamos días sin bañarnos y al final necesitas salir, desahogarte para no entrar en depresión, porque estar encerrado en casa con todo lo que ha pasado es tremendo”, explica.
La sensación de vulnerabilidad vive entre los vecinos, que siguen responsabilizando al Gobierno central de la gestión de la crisis migratoria y de las consecuencias que todavía sufre la ciudad.
"Esto ha sido tercermundista"
“Esto ha sido tercermundista. No se puede describir lo que hemos vivido ni visualizar una situación así”, relata Nordin.
Asimismo, ha recordado que muchos vecinos intentaron colaborar ofreciendo agua, alimentos o ropa a las personas que llegaban exhaustas tras cruzar la frontera, relacionando estos argumentos con las acusaciones que sufren los ceutíes, tachados de ser malas personas.
"Hemos ayudado como hemos podido"
“Hemos ayudado como hemos podido. Hemos entregado ropa de nuestros hijos, de nuestras familias, alimentos, zapatos… Había muchachas que llegaban prácticamente desnudas a las barriadas”, asegura.
Uno de los aspectos que más lamenta este vecino es el deterioro de la relación entre parte de la población marroquí que ha regresado a su país tras cruzar a Ceuta y los ciudadanos ceutíes.
"Le rompieron el coche y se lo quemaron"
“A un amigo mío le rompieron el coche y se lo quemaron. Allí ya no quieren ver a los ceutíes. Nosotros aquí no hacemos eso”. Nordin considera injusto que se haya acusado a la ciudadanía ceutí de haber actuado con violencia durante la crisis.
“Nos califican de malos, dicen que hemos pegado o insultado a la gente, cuando muchos hemos hecho justamente lo contrario. Hemos ayudado con lo que teníamos”, concluyó.





