Ceuta no ha recuperado la normalidad, a las personas que accedieron desde Marruecos tras la avalancha sobre el espigón se suman las que ya estaban a las afueras del CETI donde se montó un gran campamento paralelo.
La Policía sigue controlando ambos puntos como mayores focos de tensión dada la acumulación de marroquíes, subsaharianos y argelinos, en su mayoría, mientras la administración busca fórmulas para, primero, atender a todos estos inmigrantes y, después, liberar este punto que antes de la crisis era una de las zonas de uso para los bañistas.
Las oenegés se han mostrado muy críticas con el trato dispensado, sobre todo ante la carestía de los recursos más básicos para estas personas. Sobre el terreno se está documentando todo lo que sucede para los posteriores informes críticos que se elevarán a las distintas instancias competentes.
La visión en la playa del Trampolín
Los arenales de la playa ubicada justo debajo del CETI acogen a cientos de inmigrantes que dibujan una imagen impropia. Duermen bajo mantas, realizan fogatas para darse calor, intentan asearse de cualquier manera… y de fondo la Policía con la UIP controlando una situación que puede estallar en cualquier momento.
Ya el pasado domingo, decenas de marroquíes emprendían una marcha con un compatriota enfermo, que terminó siendo atendido en plena calle por soldados activados en apoyo de las fuerzas de seguridad.
La situación en el CETI
Los accesos al centro de estancia temporal están liberados, pero las inmediaciones de este centro siguen rodeadas de casetas levantadas en el monte frente a ‘La Colina’ y en las vías próximas.
Casetas hechas a base de telas o sencillamente grupos de inmigrantes que duermen sobre mantas en el suelo.
El CETI lleva tiempo colapsado, pero la administración ha evitado siempre buscar espacios de acogida alternativos lo que ha convertido la zona en un polvorín.
A principios de año, con el tren de borrascas, ya se registraron bloqueos en el centro, pero lo que se vive estos días es, sin duda, la mayor de las crisis migratorias tras los campamentos de Calamocarro.






