Cuando escribo esta colaboración un devastador incendio obliga a evacuar o confinar a 40.000 personas de la zona entre Ávila y la comunidad autónoma de Madrid. Dos grandes incendios forestales han confluido y, en este momento, se encuentra en su punto álgido. Las autoridades reconocen su incapacidad para contenerlo y todo su esfuerzo se dirige a evitar que el fuego llegue al municipio del Escorial. Lograr este objetivo no parece fácil, ya que las condiciones meteorológicas nos son favorables. Han coincidido rachas fuertes del viento, temperaturas altas y una baja humedad.
Dada la magnitud del incendio, se ha declarado el estado de emergencia nacional y el Estado ha tomado la dirección de las tareas de extinción, por petición de los responsables de las comunidades autónomas de Madrid y Castilla y León. En el dispositivo participan 3.000 efectivos de la UME, la Guardia Civil, Protección Civil y el Ministerio para la Transición Ecológica, además de seis aviones Canadiar, helicópteros y aviones anfibios. A estos medios se van a sumar cuatro aviones de la flota de emergencia rescEU de la Comisión Europea.
Es la segunda vez que España, en este verano, solicita la activación del Mecanismo de Protección Civil. Según informa el periódico “EL País”, el sistema de protección civil de la UE cuenta con veintidós aviones, cinco helicópteros y un contingente de 777 bomberos de catorce países preposicionados en zonas de riesgo del Mediterráneo. La fuerte inversión económica que viene realizando la UE, en materia de prevención y lucha contra los incendios forestales, responde a la toma de conciencia sobre el escenario al que nos enfrentamos de incremento tanto de la frecuencia de los incendios, como de su virulencia.
Las sucesivas olas de calor que estamos sufriendo en estas dos últimas semanas han secado el suelo y la frondosa vegetación que brotó esta primavera después de uno de los otoños más lluviosos de los últimos años. Hay mucho material inflamable en nuestros montes y cualquier incidente o imprudencia puede desencadenar incendios de enorme magnitud. El riesgo es muy elevado, de hecho, hoy mismo el 65% del territorio español se encontraba en riesgo extremo de incendio.
"Las causas generales de los incendios forestales no son desconocidas. Los expertos llevan mucho tiempo advirtiendo del riesgo planetario inherente al cambio global provocado por el ser humano. Llevamos dos siglos y medio emitiendo gases efecto invernadero a la atmósfera, contaminación los mares y océanos, destruyendo hábitat y ecosistemas naturales y consumiendo recursos no renovables"
Las causas generales de los incendios forestales no son desconocidas. Los expertos llevan mucho tiempo advirtiendo del riesgo planetario inherente al cambio global provocado por el ser humano. Llevamos dos siglos y medio emitiendo gases efecto invernadero a la atmósfera, contaminación los mares y océanos, destruyendo hábitat y ecosistemas naturales y consumiendo recursos no renovables. Cuando se produce un incendio forestal todo el esfuerzo se dirige, como es lógico, a salvar vidas humanas y, si es posible, sus casas y propiedades. Ya se ha convertido en una imagen recurrente, en los grandes incendios forestales, los puestos de mando en los que las autoridades ofrecen sus caras compungidas y los mismos anuncios de siempre. Ya el año pasado, Pedro Sánchez anunció un “Pacto de Estado frente a la emergencia climática” y volvió a hablar de él cuando se reunió con el Presidente de la Junta de Andalucía en los trágicos días del incendio de los Gallardos en el que murieron trece personas. Lo sorprendente, en este caso, es que Juanma Moreno apoyara la propuesta del Presidente del Gobierno, cuando unos días antes firmó un acuerdo de gobierno con un partido que niega el cambio climático. Si la incoherencia es habitual entre la clase política, en materia de protección civil roza lo delictivo.
La recurrente propuesta de alcanzar un pacto político para suscribir un “Pacto de Estado frente a la emergencia climática” no parece que vaya a lograrse en un país, como el nuestro, muy polarizado desde el punto de vista ideológico. Donde la verdad científica debería imponerse y la propia constatación personal ante el incremento de la temperatura no deja dudas, su lugar lo ocupa la cerrazón política y el negacionismo climático. Con esta actitud estamos condenando a las próximas generaciones a una vida compleja. La única salida razonable sería reducir el consumo de energía, “un 39% para 2040, aplicando la suficiencia y la eficiencia, mientras atendemos las necesidades de servicios energéticos para la ciudadanía al 100% con energía razonable”, tal y como ha manifestado el ecólogo Fernando Valladares. Este mismo reconocido científico y activista medioambiental ha propuesto, en estos días, la creación de un “Parlamento Ciudadano Climático permanente y recuperar la conversación pública informada por la ciencia a gran escala, con una asamblea por sorteo y un consejo de expertos con poder real”.
Esta idea ya se ha puesto en marcha en Bélgica y se esta debatiendo en Reino Unido con el objetivo de blindar las decisiones climáticas frente a las olas autoritarias.
Nosotros apoyamos esta propuesta desde el convencimiento de que la implicación cívica es la única que puede empujar a la clase dirigente a firmar un gran pacto frente a la emergencia climática.






