La declaración institucional que quiere llevarse a pleno para reforzar la españolidad de Ceuta se presenta, sin haberse siquiera debatido, como una forma de hacernos perder el tiempo y, de paso, tomarnos el pelo.
El origen de esa declaración, que pretende reafirmar la españolidad de Ceuta ante los continuos discursos que vienen a cuestionarla, promovidos por políticos, entidades o incluso mandatarios de otros países, parte de una propuesta de Ceuta Ya! que terminó aparcada en una anterior sesión plenaria.
Se les pidió a los de Mohamed Mustafa tiempo para evitar una confrontación y buscar un debate rico del que pudieran sacarse conclusiones positivas.
Vistas las posturas que los partidos se han encargado de difundir en sus comunicados, parece que vamos a estar ante una exhibición política de planteamientos absurdos, sin unión, en el que veremos si no termina triunfando el lenguaje más belicoso, además de contraproducente para la imagen que debe dar Ceuta.
Siempre que la bronca prevalece sobre la consecución de mejoras nada bueno conseguimos para una ciudad ya bastante machacada a golpe de discriminación.
La españolidad no se reafirma con una declaración política, con un debate o con exhibiciones de pulseras. Esa españolidad se tiene que garantizar en el día a día, sin mayores debates ni pérdidas de tiempo absurdos.
Hoy por hoy nos dicen que somos españoles, pero seguimos sometidos a esas particulares torturas llamadas especificidades que te obligan a que tu vida aquí sea distinta.
Lograr la plena igualdad en todos los ámbitos es el mayor ejemplo de defensa de la españolidad.
El complejo de partidos que no han luchado lo suficiente para ello lleva a organizar este tipo de debates que solo tienen sentido para su beneficio político.






