La sentencia dictada por el Tribunal Supremo marca un antes y un después en las políticas migratorias que se estaban aplicando en Ceuta y Melilla tras registrarse entradas por mar.
El protocolo a seguir ya no será el mismo, lo que obligará a que en las ciudades de Ceuta y Melilla se apliquen refuerzos, en cuanto a más recursos humanos y materiales para afrontar un marco completamente distinto.
El Supremo ha sido claro, viniendo a confirmar las sentencias que precedieron a su resolución, una del TSJA y otra del Contencioso de Ceuta.
La propia Ciudad Autónoma ya lo ha apuntado, resulta imprescindible disponer de más medios para ejercer un adecuado control fronterizo.
Más medios, pero, sobre todo, más recursos materiales ante una situación migratoria que va a depender muy mucho del modo de proceder de Marruecos en cuanto al auxilio debido de sus propios nacionales.
"Ceuta no puede ser un muro de contención de la inmigración", ha advertido el consejero Alberto Gaitán, que ha puesto el foco en las limitaciones de la propia Ceuta y en el hecho de que no puede transformarse esta ciudad en una especie de cárcel de retención de personas.
La sentencia del Supremo es clara, los criterios expuestos también, pero de igual manera las instituciones deben reaccionar para garantizar los mecanismos necesarios para que Ceuta no sea la que afronte en solitario su condición de frontera sur de Europa.





