Ojalá no hubiera sido testigo de tu alegría, Kevin. Ojalá no te hubiera visto tu rostro muy feliz, abrazando a tus padres.
Yo buscaba a mi hijo, erais compañeros. Pero no lo vi a él, y si, te vi a ti. Con ternura inmensa muy feliz. Una alegría irradiando de tus ojos. Fue un instante que mi memoria robó, aunque no te conocía; algo dentro de mí me decía que me quedara contemplando este bonito encuentro entre un hijo y sus padres.
Y ¡Qué cruel es el destino! que nos ha marcado de un martes a otro martes.
Martes, día 9, de orgullo, de uniformes impecables y sonrisas brillantes, y, apenas siete días después, otro martes día 16, de silencio, de vacío y de un dolor infinito.
Sin saberlo, aquel día estábamos celebrando el último latido de tu juventud,
Sin saber que, ese abrazo era el último que tus padres guardarían.
Ojalá no hubiera sido testigo de tu alegría, Kevin. Hoy mi corazón llora por ti, por tus padres y por tus compañeros.
Hoy, con el alma rota, te despiden mientras intentan seguir adelante. Hoy pienso en tus padres, cómo el destino les ha arrebatado en un instante lo más valioso de la sonrisa radiante.
No tengo palabras para aliviar su desgarro. Solo puedo desearles mucha fuerza. Y ojalá nunca hubiera sucedido, ojalá todo fuera un mal entendido.
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A mi hijo y a sus compañeros legionarios, con el alma rota mientras intentan despedir a su amigo, os abrazo con todo mi corazón.
“Que la memoria de la sonrisa de Kevin nos acompañe para siempre”.
Escrito por (S.A.), madre de un legionario compañero de Kevin.






