Mientras caminaba por el pantalán salino y resbaladizo, recordé la leyenda sobre la montaña de la mujer muerta de mi ciudad.
Navegaba una mujer con su hijo pequeño, en un día de fuerte temporal. Al tener a través la montaña de Yebel Musa, un fatídico golpe de mar precipitó al zagal al agua, desapareciendo entre las olas.
La mujer desesperada corrió a pedir ayuda a los pescadores de la zona, decenas de pequeñas embarcaciones y balandros salieron en su busca.
Después de varios meses de fallida batida, los marinos cansados, le comunicaron el cese de la actividad, la mujer desconsolada, les juró eterno agradecimiento, se despidió y caminó hacia la montaña, fue la última vez que se la vio.
Alcanzó la cima, se tumbó, quedándose dormida perpetuamente, en ese momento, la montaña adoptó su forma. Contaban que cuando el sol se ponía sobre el pecho de la mujer, ya petrificado, su espíritu salía de la montaña en ayuda de las embarcaciones, incluso fue vista entre la niebla guiando a otros barcos perdidos, Los días de poniente una nube con forma de niño se abrazaba a la montaña, madre e hijo se volvían a encontrar.
Regresé a casa y me acordé que hoy es el cumpleaños de mi madre, “FELICIDADES MAMÁ”






