El 14 de Diciembre de 1.974 se reunía la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), en la que por unanimidad se aprobaba la DEFINICIÓN concreta de qué es una AGRESIÓN, recogida en la resolución 3314, en ella se recoge y estipula que “todo Estado agredido tiene derecho a responder militarmente no solo contra el estado agresor sino también contra las bases militares que, desde el extranjero, participan en la agresión, y también contra los Estados que albergan estas bases”.
Por lo tanto el Derecho Internacional legaliza el proceder de Irán, como Estado agredido, a defenderse de la agresión de la coalición EEUU-ISRAEL o como mundialmente es conocida “la coalición Epstein”, pero no solo eso, también avala la respuesta militar contra las bases estadounidenses en el Golfo Pérsico y a las dictaduras familiares que los acogen.
Estos regímenes totalitarios, cuya única razón de existir es la de sostener y avalar el dominio EEUU sobre la mayor concentración de petróleo y gas del mundo, y con ello, mantener su hegemonía económica mundial, debido a la obligatoriedad del pago en petrodólares y a la reinversión de esos capitales fabulosos obtenidos, a los fondos de deuda estadounidenses, (una deuda estratosférica a día de hoy imposible de devolver) con lo que se cierra el circulo de poder global hegemónico de EEUU respecto al resto de países, además de hacer posible el demoledor impacto de sanciones a cualquiera que ose enfrentar el imperio, amparado por el mayor ejercito del mundo, siempre dispuesto a mandar a la era de piedra , como les gusta decir, a todo país que en defensa de su soberanía se atreva a usar otra divisa en sus transacciones.
Esta agresión ilegal y bárbara, que sigue el modelo Palestino de genocidio perpetrado por el estado sionista de Israel, en realidad, lo que pretendía era eliminar del tablero geopolítico a la nación persa, única potencia regional que se les resiste, y dar un final, al golpe de estado mundial, controlando en su totalidad el corazón energético global y de esta forma apuntalar el dominio del petrodólar y así salvar el hundimiento evidente de la hegemonía EEUU sobre el mundo, sobre todo, después de la implementación del BRICS como alternativa financiera y comercial para el resto del sur global.

Con esta guerra contra Irán aún en curso e independientemente de su resultado, se dan al menos, dos consecuencias evidentes que considero de la mayor importancia para el devenir del mundo.
La primera, es que es la primera vez que un pueblo agredido por la mayor fuerza militar del mundo, se defiende atacando las bases militares y las inversiones de su adversario en el extranjero, una manera de hacer la guerra adaptada a la era de la globalización. Este conflicto no se parece a ninguno anterior, de modo que hace posible que un país considerado de mediana importancia podría imponerse frente a una fuerza monstruosa y lo está haciendo en contra de lo que se consideraba posible y a pesar del inmenso daño recibido.
Al contrario de lo que esperaban los diseñadores de esta guerra, fundamentalmente Netanyahu primer ministro Israelí y Donald Trump, el primer presidente israelí en EEUU, que consistía en un cambio de régimen en Irán, el resultado ha sido el contrario, nunca en toda la historia de la República Islámica ha ocurrido una unificación de criterio tan amplio y una respuesta ciudadana y patriótica tan contundente a favor de la revolución Islámica. Gracias a este respaldo y la solidez del estado persa, Irán no solo ha golpeado implacablemente las 16 bases militares EEUU en el golfo, incluida la mayor base naval en Bahréin que acoge a la V flota EEUU, ha machacado Israel como nunca, tanto a nivel militar como económico y de infraestructura, así como a las petro-monarquias sin las cuales sería imposible la agresión.
La segunda es que ya nadie contempla el Derecho Internacional como antes, se ha tomado conciencia de que el hecho de albergar una base militar EEUU no garantiza la seguridad de un país sino al revés lo expone al peligro de guerra. Todos los estados del golfo han quedado afectados por esta guerra, todos han comprobado esta realidad y si la guerra continua posiblemente peligre su propia existencia a corto plazo, incluido Israel. El estrecho de Ormuz que antes estaba abierto y sin problemas, ahora enfrenta un dominio total por parte de Irán.

El estrecho de Ormuz es la yugular del comercio mundial, por ella pasa el 20% del crudo y un 40% del gas mundial y una buena parte de sus derivados industriales. Este estrecho no está cerrado, solo transita quien cumple con la legislación impuesta por Irán que excluye radicalmente a los agresores y sus aliados, además del cobro de peaje como ocurre en muchos otros pasos comerciales en el mundo.
A día de hoy, la economía de todos los países ha quedado afectada por la enorme subida en los mercados del petróleo y sus derivados, se han perdido cantidades astronómicas de capital en el mundo financiero y bancario, según los analistas económicos de seguir esta guerra, el mundo entero podría entrar en una recesión histórica.
En resumidas cuentas, estamos asistiendo a un cambio del paradigma mundial, en el cual, el dominio del Occidente global, que aparecía inviolable, ahora presenta grietas cada vez más grandes y el sur global lo contempla con ojos esperanzados. Será posible que el oprimido pueda levantarse contra su opresor con una posibilidad de éxito?

Lo que pretendía la coalición Epstein en esta guerra, en mi humilde opinión, consistía en imponer el sistema de opresión fascista, supremacista y colonial, acuñado y definido en el genocidio anglo-sionista de Gaza y toda Palestina en curso. Un sistema feroz y bárbaro, destrozando todo derecho internacional para no rendir cuentas e incumpliendo cualquier tratado o acuerdo internacional entre partes.
Este sistema no solo basado en la supremacía militar sino también en la inmoralidad y el desprecio humano hacia todo aquel que se atreva a siquiera protestar, gritándole al mundo, si no haces lo que yo quiero, ya sabes lo que te puede ocurrir, recuerda Gaza. Pensaban que nadie se atrevería, pero Irán de momento le ha parado los pies y ya nada volverá a ser como antes.
En este orden de cosas, que podemos extraer de esta convulsión a nivel mundial que sirva y guie las realidades particulares de nuestro país y sociedad?, porque esto, ya es un hecho irreversible y quizá habría que preguntarse si todo lo que nos dicen a través de los medios de comunicación, los partidos y los sistemas políticos, nos dicen la verdad o nos mienten, manteniendo una ilusión de libertad y democracia por el hecho de salir cada cuatro años a votar.
La realidad es que, poca diferencia viene a representar el hecho de que salga triunfante el liberal o el conservador, el demócrata o el republicano, a fin de cuentas todos obedecen al mismo amo y están supeditados a él y me refiero al poder real que no vemos y no elegimos, las grandes oligarquías y multimillonarios, la banca, el mundo financiero y las élites mundiales, que viven en un mundo paralelo, en un olimpo que solo ellos controlan y que nos controlan, para que seamos pasivos y creamos que nada puede hacerse. Quizá este cambio de paradigma traiga un cambio real y más justo en los pueblos. Pero solo podrá conseguirse si cada uno es capaz de ver la verdad con su esfuerzo y responsabilidad y actuar en consecuencia.






