Hay que insistir en la denuncia, porque si no, estos políticos que calientan asiento en los despachos y que están para servir al ciudadano y no para servirse, se olvidan de lo que importa, se olvidan de su necesaria actuación, se olvidan de la auténtica tragedia por capítulos que estamos consistiendo.
Sí, hablamos por segundo día consecutivo de los delfines, de su matanza, de cómo los están destrozando, de cómo se está permitiendo todo esto.
Ya circulan vídeos en los que se ve cómo pescadores marroquíes los mutilan cuando quedan en sus redes. Les hacen lesiones de todo tipo, los dejan casi sin vida sufriendo hasta perderla del todo.
Y aquí, la clase política sigue mareando la perdiz, sigue mirando hacia otro lado para no forzar una acción en condiciones, haciéndose los sorprendidos.
Sí, ya sabemos que no podemos salvar el mundo, pero sí podemos mejorar los controles en nuestras aguas y actuar cuando quienes están incurriendo en un delito estén haciendo estas prácticas tan salvajes. No hay nada que investigar, todos sabemos que esa cruel acción la ejecutan pescadores marroquíes.
Las dificultades existen porque en demasiadas ocasiones se presentan como la mejor de las excusas para no hacer nada. Y con las mutilaciones de delfines se incurre en esa dejación absoluta por interés político, por no molestar.
Las asociaciones denuncian con valentía lo que sucede, pero aquí, quienes deben ser valientes se preocupan más de mirarse el ombligo, de cuidar sus propios intereses y de seguir permitiendo que esta auténtica barbarie se perpetúe.
Es una situación terrible, consentida, hiriente. Una matanza, un delito y un despropósito calentado por la cobardía de una clase política que no fuerza la adopción de medidas, que no exige reacciones a todos los niveles. Los seguirán matando de manera salvaje, seguiremos contando lo que pasa, hasta que finalmente ya no tengamos nada que ver ni narrar porque se habrán cargado todo lo que teníamos la obligación moral de cuidar y proteger.






