Son los ejemplos de a pie de calle, esos que dejan en evidencia los controles fronterizos supuestamente rigurosos que nos venden las administraciones. ¿Puede un individuo que en su día fue detenido por tentativa de homicidio y expulsado a Marruecos colarse en Ceuta a los pocos días y volver a delinquir a pesar de tener una orden de prohibición de entrada en España? No es que sea posible, es que son episodios que están a la orden del día. La Policía Nacional dispone sus controles documentales pero resulta inviable confirmar uno por uno todos los que se corresponden con las personas que cruzan a la ciudad a diario. Más de 30.000, a través de una línea que arrastra deficiencias estructurales desde tiempos inmemoriales.
Esta misma semana se juzgaba en el Penal a dos marroquíes que el pasado verano agredieron a un subsahariano en la playa de Benítez. Ambos fueron condenados por robo con violencia y sentenciados, uno a cárcel y otro a expulsión.
La noticia no está en la sentencia, publicada en ‘El Faro’ de ayer, sino en el trasfondo que hay detrás. Y es que cuando ambos individuos fueron arrestados por la Policía Local y presentados ante la Nacional, se comprobó, en la práctica de las diligencias oportunas, el historial que tenían.
Tal y como consta en el historial judicial que ha llegado hasta esta última fase del caso, uno de los detenidos tenía hasta dos prohibiciones de entrada en España. La última estaba cursada tan sólo una semana antes de que se cometiera este robo por un juzgado de Almería. ¿Esto que significa? Que el individuo en cuestión no tardó ni siete días en ser juzgado en la península, expulsado por orden de un juzgado de Almería a Marruecos, volver a colarse en Ceuta y regresar a las andadas cometiendo un nuevo delito, otro robo.
Años atrás, en 2003, había sido detenido por homicidio y tentativa de homicidio. Este historial no evitó que de nuevo formara parte de las listas de delincuentes. Ahora ha sido condenado a un año y seis meses de prisión que deberá cumplir, dejando a sus espaldas dos órdenes de expulsión y prohibición de entrada en España que incumplía a las claras. Su compañero no tendrá que pasar por Los Rosales ya que su pena ha sido sustituida por una expulsión del país.
Los hechos demuestran que algo no funciona en la frontera. Y hay quienes se benefician del sistema.






