Hace cuarenta años cuando el galán de Hollywood Rock Hudson anunciaba que tenía el Sida y fallecía posteriormente el mundo sufrió tal conmoción que todo el mundo comenzaba a preocuparse por el síndrome inmune deficiencia adquirida.
Las informaciones y precauciones no sabían de que manera encasillarse y aquel mal endémico comenzaba a señalar a las personas dando paso a los rechazos más brutales que fueron llevados al cine para la conciencia de la sociedad donde sólo había un lema, la precaución.
Y llegó la pandemia del coronavirus, el COVID-19 algo que pudimos rescatar de imágenes en blanco y negro de hace ciento tres años como aquella “ gripe española “ donde hasta el gato llevaba mascarilla.
Al comienzo del estado de alarma y aquellas dantescas imágenes de los grandes hospitales de Madrid donde llegaban los enfermos empujados por las familias de aquellas sillas de ruedas de carácter fúnebre donde llevaban todas las papeletas para el último adiós se dio paso a todo tipo de comparecencias, datos, estadísticas y números que desembocaban en una tercera guerra mundial ante un enemigo invisible.
El confinamiento, el estado de alarma, la pandemia, la segunda ola, la desescalada, la nueva normalidad, los aplausos, los homenajes, las torrijas y café gratis para algunos pero no para todos, los lemas del “ quédate en casa “ cubriendo todas las fotos de redes sociales, los números más rebuscados y curiosos en los videos que se colgaban en las mismas pero quizá nadie con esos bocadillos y esas tazas de café se puso a investigar en internet al más puro estilo del “ cuarto milenio “.

Y como la risa va por barrios o como dicen por tierras gaditanas “ esto va por tocas “ me tocó a mí estrenar el año y contagiarme con eso del denominado “ contagio por allegados y seguidamente vinculo familiar “.
Volví con lo que tuve que pasar a mi infancia cuando me torturaban con “ el practicante y ponerme tantas inyecciones de vitaminas y que me dieran ganas de comer “ como aquella gripe que pasé de chiquillo y que me dejó traumatizado años, así me vi en el mes de enero y gracias a los medicamentos en dos días ya aquello había pasado tras una semana de tempestades físicas y mentales.
Perdí seis kilos de masa muscular , el apetito, la garganta era un volcán y mentalmente perdido, hasta que con el alta epidemiológica volvía a la calle andando como un zombi y agarrándome a las barandas y rincones.
Y los conocidos se me acercaban pero daban dos o tres pasos hacia atrás, los que antes te saludaban y no se querían acercar, uno que cruzó hasta de acera haciéndose el gracioso, los que no se querían meter en el ascensor en el piso contigo, el que se pone mejor la mascarilla cuando te veía, así como los que salían corriendo al verte llegar a tomar un café, mi reflexión de hace cinco años cuando me llegó el rechazo, comparto mi historia de como la viví y sin darme cuenta aquel tiempo yo ya lo sabía.






