Una de las grandes virtudes de la Familia Real ha sido siempre estar junto a los que sufren, y muy especialmente junto a sus soldados. Las imágenes son un vivo testimonio, como cuando se les vio en el funeral de las víctimas del Yak42, o también en otro funeral, en este caso el de las víctimas del helicóptero en Afganistán. Allí se pudo ver a la Familia Real cómo expresaba su dolor, reflejado en las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
El amor a la Patria de los Borbones
Las hemerotecas son fiel testigo de los grandes sentimientos de los Borbones por la Patria. Uno de los muchos actos en que demostraron su amor a España fue el 14 de junio de 1908, cuando el rey Alfonso XIII presidía la entrega de despachos en la Academia de Infantería en Toledo, en cuyo acto pronunció estas palabras: “en este recinto, albergue de aquel glorioso emperador y rey, cuya estatua contemplamos, viendo las puntas de las picas y en las bocas de los arcabuces de los inmortales tercios de nuestra Infantería, pasearon triunfalmente el nombre de España por los ámbitos del mundo. Ved inmortalidad, gloria, sacrificio: he aquí las tres ideas que se deben grabar con caracteres indelebles en vuestras corazas de soldados”.
En el banquete posterior a dicho acto, donde había 640 comensales, el rey, en un gesto de cordialidad y compañerismo tan habitual en los Borbones, ordenó que se sentaran en su mesa el 2º teniente, Francisco Blanco de Lanzarro, nº 1 de su promoción, Federico López y Darío Gazapo, nº 1 de las promociones de 2º y 3º curso, y el huérfano del colegio María Cristina, Ernesto García Solano.
Otro gesto de ese amor a España de la Familia Real fue estando el rey Alfonso XIII en el destierro lo que le dijo a un fiel amigo, Juan Danvila Ribera: “si para bien de España es conveniente que yo vuelva a ella algún día, no me importaría hacerlo como rey, como padre del nuevo monarca o como simple ciudadano, ya que mi deseo es que sea cuanto antes, porque me ahogo viviendo fuera de su recinto, aunque fuese de barrendero de la Puerta del Sol, sería feliz en mi Patria, pero si fallezco en el extranjero, solo os pido que cubráis mi cadáver con esa bandera (señalando la que conservaba, perteneciente al barco que le llevó a Francia), y sobre ella pongáis tierra española”.

Muchos años después, el 25 de mayo de 1977, su nieto, el actual rey de España, al sentar plaza su hijo el príncipe Felipe como soldado en el Regimiento de Infantería Inmemorial del Rey nº1, pronunció estas palabras: “los soldados son hombres abnegados, sobrios, que se sacrifican voluntariamente por sus ideales. No tienen más ambición que ser los primeros en el cumplimiento del deber y el amor sin límites a España. No necesitan estímulos, los honores no consisten en tenerlos, sino en arribar a merecerlos. No piden nada para ellos, pero lo quieren todo para su Patria”. Finalizaba con estas emotivas palabras. Al ver a mi hijo soldado pienso en España y pienso en su futuro, en la paz, en el orden y en el progreso. Nada se puede añadir a los sentimientos de la Familia Real del amor a España y del cariño por sus soldados.
El cariño del príncipe con los soldados heridos
Desde el 23 de noviembre de 1957, fecha en que se inician los ataques a los territorios del África Occidental Española, hasta el 14 de enero de 1958, según la relación nominal de bajas de la 1ª sección de Estado Mayor de la Capitanía General de Canarias, escrito número 1658, los heridos en combate entre oficiales, suboficiales, legionarios, paracaidistas y tropa ascienden a 73, muchos de ellos, debido a la gravedad de sus heridas, fueron trasladados en aviones Junkers del Ala 36 del Ejército del Aire de Gando a la Península, y otros al Hospital Militar de Las Palmas de Gran Canaria.
En los primeros días de enero de 1958, el buque escuela Juan Sebastián Elcano, como viene siendo habitual anualmente, partía del muelle de Cádiz rumbo al Puerto de La Luz en su crucero de instrucción, donde iba embarcado el entonces príncipe Juan Carlos de Borbón y Borbón, junto con sus compañeros de promoción.
Sobre su estancia en aquellas fechas en nuestras Islas, un periodista de la isla hermana le hizo una breve entrevista y así se expresó: “es la primera vez que visito las Islas Canarias, y aunque he visto muy poco de la Isla, puedo decir que es preciosa". A la pregunta del periodista de qué le agradaba más la vida del mar o de las armas, así respondía: “realmente no sé qué responder, puesto que ahora estoy haciendo mis prácticas en el mar y no puedo contestarle exactamente. En realidad, me agradan las dos sin sentir hasta el momento una especial predilección por ninguna de ellas”, Joverasu, Diario de Las Palmas, 18 de enero de 1958.

Atracado en el Puerto de La Luz el bergantín-goleta, en ese gesto que le caracteriza a la Familia Real, de querer dar calor y cariño, y mitigando el dolor a los que sufren, la prensa de Las Palmas sobre este hecho publicaba esto: “esta mañana SAR, el príncipe Juan Carlos de Borbón y Borbón giró una visita al Hospital Militar de la Isla. Llegó acompañado de su preceptor, el capitán de corbeta, Sr. Fontanas, y de varios guardiamarinas de su promoción. En las puertas del Hospital fue recibido por el director del mismo, el teniente coronel Fernando López Tomaseti y personal facultativo de dicho centro. A continuación, recorrió todas las dependencias, deteniéndose a conversar cordialmente con los soldados heridos de Ifni y Sáhara, a quienes deseó una pronta mejoría, estrechando las manos de cada uno de ellos, interesándose por su estado y requiriendo pormenores de las operaciones de guerra en las que habían participado, y tras una hora de estancia abandonó el hospital”, Diario de Las Palmas, 18 de enero de 1958.
Días después, cuando navegaba el Juan Sebastián Elcano rumbo a América, al enterarse el príncipe de la muerte en combate del teniente paracaidista Enrique Carrasco Lanzos, desde el buque, el príncipe enviaba a su padre, el general subsecretario Manuel Carrasco Verde, este telegrama: “con retraso triste noticia fallecimiento su hijo. Reciba mi más sentido pésame. Príncipe Juan Carlos de Borbón”, tal y como se muestra en el telegrama adjunto a este artículo. También el Conde de Barcelona desde Estoril, el 5 de enero de 1958 enviaba un telegrama número 019 al jefe del Estado, ensalzando a los soldados que combaten en defensa de la Patria en Ifni y Sáhara, y estando su espíritu junto a los familiares que sufren su pérdida o ausencia.






