Durante 2016, el Partido Socialista vivió una profunda crisis interna marcada por maniobras y enfrentamientos entre distintos sectores del partido, especialmente en torno a la figura de Pedro Sánchez como secretario general. Un grupo relevante de dirigentes y antiguos líderes, entre ellos Felipe González y otros conocidos como los "barones", promovieron movimientos para forzar la dimisión de Sánchez, descontentos con su postura respecto a la formación de gobierno y sus líneas estratégicas. Estas maniobras incluyeron presiones públicas y privadas, declaraciones en medios y una dura batalla en el seno del Comité Federal, que culminó en una tensa reunión en la que Sánchez terminó dimitiendo, abriendo paso a una gestora provisional y a una etapa de profunda división en el PSOE.
Siempre fui muy crítico con el Partido Socialista. Mis artículos de opinión lo han reflejado. Pero esto no me impidió reconocer la deslealtad de Felipe González y sus “amigos” para con el secretario general Pedro Sánchez. Lo dejé escrito en un artículo a finales de 2016, titulado “Deslealtad y fraude de ley”. En el mismo dejaba claro que, pese al régimen clientelar montado por este partido en algunos lugares, esto no quería decir que toda su militancia fuera igual. De hecho son miles de personas sencillas y humildes las que siguen afiliadas a este partido centenario y las que lo hacen ser una herramienta eficaz para ayudar al progreso social.
Y volvemos a estar en una situación crítica. En esta ocasión es la derecha más casposa y retrógrada de nuestra democracia, ayudada por una mezcla de poderes económicos, mediáticos y judiciales, sin olvidar a estos desleales dirigentes históricos del socialismo español, que les sirven de amuleto, la que maniobra y crispa. Aunque de vez en cuando hay que detenerse para reflexionar, en este momento es más importante que nunca, pues estamos en una situación de extrema debilidad de las ideologías, fomentada por la desinformación, la mentira, y la manipulación. El fascismo más letal, agresivo y peligroso, campa a sus anchas por todo el mundo.
En un magnífico artículo de opinión de estos días del que fue ministro de Trabajo y Asuntos Sociales en el gobierno de Zapatero, Jesús Caldera, titulado “La antidemocrática ofensiva contra el PSOE” nos dice que no pretende restar gravedad a los presuntos casos de corrupción, o de acoso sexual, ni escurrir el bulto, pero que no puede admitir que se vierta la mancha del oprobio y de la vergüenza sobre los más de 152 mil militantes del PSOE y los millones de votantes, por actos cometidos por unos pocos. Estoy de acuerdo con él.
Por esto, ante la amplitud de los casos de acoso sexual y de corrupción dentro del Partido Socialista, estoy desolado. Como miles de compañeras y compañeros. Y siento que hemos de seguir actuando con contundencia, poniendo en valor los valores éticos que siempre han acompañado a la izquierda, con actuaciones y personas ejemplares. Pero también me extraña mucho la coincidencia en el tiempo de tanto caso de corrupción y de acoso, que no son de ahora.
Lo hemos visto claramente con la condena sin pruebas al Fiscal General. Con las mentiras del jefe de Gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid para defender a su novio, convirtiendo su confesión admitiendo dos fraudes fiscales, en un ataque sin precedentes a las instituciones del Estado. Como también lo vemos al contemplar que el señor Aldama, o el Sr. Ex ministro de economía del PP, Cristóbal Montoro, se sigan paseando alegremente por la calle. Igual que lo hacen el presidente del PP de la Diputación de Almería y toda su camarilla. Y no menos escandalosa es la situación del expresidente de la Comunidad Valenciana, Carlos Mazón, que sigue mintiendo descaradamente a los valencianos y a toda la ciudadanía y se le recompensa con un magnífico puesto en el Parlamento de la Comunidad. Y esto sin olvidar la vergüenza por la situación de la Sanidad o de la Universidad Pública en Madrid o Andalucía.
En medio de este clima de tensión y polarización política, resulta especialmente relevante la reciente opinión del abogado general de la Unión Europea, quien ha rechazado que la ley de amnistía española entre en conflicto con el derecho europeo. Este pronunciamiento, aunque no vinculante, despeja en parte las dudas planteadas por sectores críticos que sostenían que tal medida vulneraría los principios y normas de la UE. Además, refuerza la posición del Gobierno y del bloque progresista que defiende la amnistía como herramienta legítima para resolver conflictos políticos internos y promover la estabilidad institucional. El pronunciamiento que próximamente hará el Tribunal de Justicia de la Unión Europea va a ser muy importante. Aunque a algunos medios no le interesará.
Que el presidente del Gobierno Pedro Sánchez convocará elecciones anticipadas, parece que es una de las opciones que más fuerza están cogiendo. Pero que lo hará cuando considere que es el mejor momento para la izquierda, es su obligación. Mientras tanto, no nos queda más opción que mantenernos firmes y seguir adelante. Como mencioné en una reflexión previa, o como bien recuerda Jesús Caldera en su artículo, debemos aferrarnos con determinación a nuestros principios, igual que Ulises se ató al mástil para resistir las tentaciones y no dejarse seducir por los cantos de sirena.







Con tu última frase lo dices todo..Átate hijo, átate, y cuando estés un poquito más relajado échate un bailecito con Maduro.jajajajajajajaja
Sigamos como Ulises , atado a su mástil y confiemos en la honradez de la mayoría decente ! Los primeros que votan en contra de una Ley de la Corrupción ,son los que la están utilizando como arma política. El caso de la condena al Fisccal Gral del Estado , es un gran ejemplo ... fuerzas económicas muy poderosas están operando y minando la Democracia y la Verdad.