Los líderes de la lucha contra los españoles en el Protectorado de Marruecos fueron Abd el Krim en zona de El Rif donde se encuentra Melilla y El Raisuni en los territorios comprendidos entre Tetuán, Larache y alrededores. Ambos personajes no colaboraron contra su enemigo común, sino que se enfrentaron entre sí hasta la muerte de El Raisuni.
En todos los sucesos antes y después del enfrentamiento entre Abd el Krim y El Raisuni, hubo un personaje que apareció en ambos bandos, ya que de ser hombre de confianza del citado El Raisuni, pasó a colaborar activamente con Abd el Krim. El principal enemigo a batir, tras desaparecer Abd el Krim de la escena y esfumarse su República del Rif, fueron esas partidas de hombres desesperados que habían decidido morir matando. El principal de todos ellos era el Jeriro, un cabecilla que se había ganado a pulso su prestigio como un jefe eficaz. Pero ¿quién era este hombre que despertaba tantos recelos en los mandos españoles y franceses?
El Jeriro nació en la cabila de Beni Hozmar en 1898 de familia muy pobre, por lo que de niño fue pastor en los rebaños del líder local Mohamed el Hartiti, personaje de la confianza de Muley Amar el Raisuni, verdadero jefe espiritual y político de Yebala. A las órdenes del Hartiti, pronto llegó a mandar una partida de diez muchachos que realizaban audaces acciones contra los entonces confiados militares españoles, por lo que fue labrándose fama de combativo.
Sus hazañas continuaron en aumento. En 1920, con solo veintidós años, su grupo secuestró a un oficial de Cazadores, en Yzarduy. Un año más tarde penetró durante la noche con sus hombres en una apartada casa situada en una huerta de Ziana, cerca de Tetuán, llevándose prisioneros a Sid Alí Slaui que había sido Director General de Bienes Habús y a una hija del difunto Bajá de Tetuán, Hach Ahmed Torres. El escándalo fue enorme, los secuestrados pasaron enseguida a poder de El Raisuni, verdadero instigador de la acción, el cual cobró un importante rescate por la libertad de las dos personalidades.

Sin embargo, el cherif que menospreciaba a El Jeriro como a tantos otros colaboradores, solo dio a éste una limosna, una pequeña cantidad del importante rescate conseguido y esto crearía el primer roce del joven guerrillero con su inalcanzable señor. La situación siguió manteniéndose a favor del Raisuni, gracias a los continuos engaños de este sultán de las montañas que tenía confundidos a los españoles. El Alto Comisario Gómez Jordana, con instrucciones del gobierno de mantener esta política de colaboración, murió en su mesa de despacho desesperado y le sucedió el general Berenguer que pronto sería también comandante en jefe del ejército. Éste consiguió convencer a los políticos que era necesario acabar con el Raisuni de una vez por todas. Pasó después el momento de Berenguer que estuvo a punto de capturar al cherif y Madrid dio un nuevo giro a su política con la llegada del general Burguete como nuevo Alto Comisario, cambiando la estrategia por enésima vez y retomando las negociaciones.
Como forma de presionar a los españoles, demostrando que El Raisuni era imprescindible para lograr la paz, éste encargó a El Jeriro una nueva misión y salió enseguida hacia Tetuán con su partida, llegando a la capital del protectorado el 22 de agosto de 1923. Logra pasar los controles, sitúa a sus hombres enfilando la calle principal, entonces llamada de Alfonso XIII y a las nueve y media de la noche abren fuego en la semioscuridad, causando numerosas víctimas entre el gentío que paseaba por allí. Se movilizan fuerzas de la Mehalla, pero nadie es detenido porque el Jeriro y los suyos consiguen escapar.
No obstante, la estrella de El Raisuni comenzó a apagarse al estar enfermo y cada vez con menos apoyos, mientras que en la zona oriental, la fama de Abd el Krim, tras el desastre de Annual de 1921, iba en aumento. Por ello, el Jeriro visitó Axdir y mantuvo contactos con el cabecilla rifeño, buscando una alternativa a la degradación física de su señor que no reconocía además su valía, ni pagaba debidamente sus servicios. Quizás la gota que colmó el vaso fue el nombramiento por El Raisuni de El Hartiti como Caid de Beni Hozmar, cargo con el que siempre soñó el Jeriro. Decidido a traicionar al cherif, mantuvo algunas conversaciones secretas también con los españoles y, finalmente, se presentó a Abd el Krim con sus hombres para combatir a su lado.
Fruto de los avances de Abd el Krim en el Rif y los continuos bandazos de El Raisuni, la insurrección rifeña se extendió a Yebala, gracias a El Jeriro. La situación en el verano de 1924 era muy comprometida, por lo que el Dictador Primo de Rivera que había tomado el mando en Marruecos, decidió la retirada hacia zonas más seguras en lo que se llamó precisamente línea Primo de Primo de Rivera.
El Jeriro siguió con sus eficaces acciones de guerrilla siguiendo ahora órdenes de Abd el Krim. Una vez secuestró a dos franciscanos y tres niños cerca de Tetuán, otra consiguió notables éxitos en la retirada de Chauen, más tarde trasladó un cañón desde el Rif e hizo fuego contra Tetuán desde una cueva en las montañas.
En enero de 1925, la situación de El Raisuni era crítica, aislado en Tazarut, enfermo y casi sin partidarios. Por eso, Abd el Krim dio luz verde y el Jeriro vio llegada la hora de vengarse de su antiguo amo. Se dirige rápidamente hacia Yebala y asalta el palacio del Cherif, llevándoselo prisionero, junto a su hijo primogénito Jaled. Es el momento en que el Jeriro llega a la cima de su poder. El Raisuni morirá en prisión, los rifeños atacarán pronto la zona francesa y, a continuación, septiembre de 1925, se produjo el desembarco de Alhucemas.

Para anular esta acción combinada hispano-francesa, Abd el Krim encarga a el Jeriro, su hombre de confianza en Yebala, el ataque a la posición de Cudia Tahar, cerca de Tetuan, cuya caída pondría en peligro la capital del Protectorado y teóricamente obligaría a suspender el desembarco. Después de un prolongado asedio, la posición resistió y, gracias a fuerzas enviadas a toda prisa desde Alhucemas, se consiguió liberar Cudia Tahar. El Jeriro había fracasado en esta ocasión.
El 25 de mayo de 1926 se rinde Abd el Krim a los franceses y el Jeriro decide seguir combatiendo con los de su partida, hombres inflexibles a los que estaba ligado después de tantos años de combate. La partida se repliega en continua lucha hacia Yebala y se asientan en la región de Beni Ider, cerca del antiguo feudo de El Raisuni, en Beni Aros. Allí, en el bosquecillo de Beni Messaud, tropiezan el 3 de noviembre de 1926, con el ala izquierda de las tropas españolas en avance, concretamente con un Tabor de los Regulares de Tetuán, al mando del comandante Pujalto. Se inicia intenso fuego por ambas partes y las fuerzas españolas van corriéndose para rodear la posición que ocupa el Jeriro y sus hombres.
El ruido, aumentado por su eco en las montañas es ensordecedor pero, de pronto, empieza a bajar su intensidad hasta hacerse el silencio de parte de los rebeldes, correspondido por los Regulares. Algo ha pasado. Pronto hay rendiciones porque ha muerto el Jeriro en combate, seis meses después de rendirse Abd el Krim. Recibió un balazo que entró por el muslo izquierdo y, en caprichosa trayectoria, se alojó en el riñón. La agonía fue corta y sus seguidores se retiraron dirigidos ahora por el lugarteniente de el Jeriro, Hamed Si Feddul Uld el Rei que encontraría la muerte tres meses después, el 7 de febrero de 1927, al atacar una aguada protegida por tropas españolas.
Declive de Raisuni. "La estrella de El Raisuni comenzó a apagarse al estar enfermo y cada vez con menos apoyos, mientras que en la zona oriental, la fama de Abd el Krim, tras el desastre de Annual de 1921, iba en aumento"
El cabecilla, traidor a El Raisuni, seguidor del rifeño Abd el Krim y combatiente en la adversidad, fue transportado en una camilla hasta el santuario de Muley Abselam que estaba cerca y allí fue enterrado en el mismo lugar que el más conocido santo de Marruecos y de Hamido Succam, que fue su superior y jefe militar de El Raisuni.
Pero la lucha en el Protectorado no había acabado con la muerte del Jeriro.







"Divide et impera" es lo que ha predominado en aquellos conflictos en los que la identidad arraigada de un pueblo supera a cualquier fuerza hostil de ocupación.
De ahí que, España haya usado a muchos "Jeriro" para romper la unidad de las cabilas, bajo el liderazgo de Abdelkrim, a pesar de las injerencias de un Raisuli, guiado más bien por intereses personales que por la creación de una República del Rif.