No solo hay bullying en la escuela; está en todas partes, bullying es un comportamiento agresivo, repetitivo e intencionado donde una persona o grupo ejerce su poder para hacer daño a otra . Esto puede incluir acoso físico (golpes, empujones), verbal (insultos, burlas), psicológico (aislamiento, rumores) y ciberacoso (amenazas por internet, redes sociales). Para quienes hacen bullying, es crucial abordar las causas subyacentes, trabajar en la empatía y las habilidades sociales para reconducir su comportamiento.
Esto es la teoría que en nada tiene que ver en la práctica.
Este acoso puede llegar a la extenuación y tener resultados impredecibles: bajas psicológicas, dejar una empresa, suicidio en caso de que se produzca en el colegio, tiroteos en colegios y universidades, ambiente hostil, anular a una persona o grupo de personas, etc. A la hora de buscar responsables siempre suena el soniquete: "pío, pío que yo no he sido". Entre todos la mataron y ella sola se murió
Así es; oiremos de todo: él era el que no se integraba, nos sentó mal que denunciara a la empresa, se tomaba las cosas a nivel personal, aquí es uno más. El bullying es invisible, sutil, fino, retorcido, un veneno dado en pequeñas dosis para que nada comprometa a los acosadores y el protagonista sufra de “luz de gas o luz que agoniza". Una famosa película describe a una mujer joven cuyo marido la manipula lentamente haciéndole creer que está cayendo en la locura.
A mi amigo Catarino miranda hace unos años le sucedió algo parecido al acoso, aunque en esa época no existía el anglicismo para designar este comportamiento.
Se le ocurrió denunciar a la empresa por una elección de personal. Las pruebas presentadas eran objetivas y el juez le dio la razón al pobre de Catarino.
A partir de ahi se desató toda la furia; tal vez para que retirara la denuncia con falsas promesas que era cuestión de esperar a la próxima pues su trabajo era impecable.
Lo cierto es que no lo hizo y Catarino fue condenado al ostracismo, a la indiferencia, al ser el último en enterarse de muchas cosas, al echarle culpas por cosas que él no hacía.
Tanto es así que no lo invitaban ni a la cena de empresa que se celebra en navidad.
Catarino, ni corto ni perezoso, con más valor que " el Guerra se presentó en el ágape vestido de la Pantoja y se arrancó a cantar villancicos de todo tipo.
Sus compañeros y sus jefes no se dieron cuenta del disfraz y se pasaron horas con la falsa Pantoja cantando canciones de todo tipo: marinero de luces, la bien pagá, la pechera de la virgen, los ratones que roían los calzones del niño y el a Belén pastores y hacia Belén va una burra. Para acabar, puso voz de tenor e interpretó " el camino que lleva a Belén' de la momia de Raphael.
Entre la borrachera, las lágrimas y los abrazos cuando Catarino Miranda se quitó la máscara, a más de uno se le atragantaron las uvas. Él llegó a salvarle la vida a una de las jefas que le tenía una rabia supina; esta se atragantó con una gamba y tuvo que practicarle la maniobra de Heimlich, técnica de desobstrucción de las vías respiratorias utilizada cuando una persona tiene una obstrucción en la garganta que le impide respirar. Esto puede ocurrir cuando un objeto o alimento queda atrapado en la tráquea y bloquea el paso del aire.
Mi amigo sabía de todo: desde limpiar culos a bailar jotas.
Tanto sabía Cariño que casi todos le tenían una especie síndrome llamado "síndrome de Procusto “se refiere a una actitud de intolerancia hacia la excelencia ajena, donde una persona, por miedo a ser superada, intenta menospreciar o sabotear a quienes considera más talentosos o exitosos. Este síndrome se basa en la mitología griega y se manifiesta en el ámbito laboral llevando al afectado a una constante mediocridad y a limitar el progreso de los demás para mantener el control”.
Catarino Miranda levantó lo que durante muchos años nadie se atrevió a denunciar.
A partir de ese momento fue conocido con el nombre de Paquirrín pues fue esa imitación la que, en un ataque de risa, casi se lleva al otro mundo a su superiora.






