Salieron a la calle. La lluvia no les iba a frenar. Unas 400 personas, todo un éxito teniendo en cuenta que muchos menos son los que lideran una protesta para denunciar el precio abusivo del barco, por ejemplo.
Ellos, los autónomos, están cansados de no verse atendidos como deben, de sufrir mermas económicas y desprecios cuando constituyen uno de los pilares de la economía. No se van a callar, su voz tiene que hacerse fuerte como la de otros colectivos. Piden lo justo, tener derechos.
Porque hasta la fecha, ellos, los que sostienen buena parte de la economía local, no encuentran en su libreta más que deberes.
El Gobierno de España debe escucharlos, sentarse con ellos y ofrecer mejoras. Porque ellos, los autónomos, también tienen familia, también tienen que poder conciliar su vida con ellos, también tienen que tener cobertura cuando sufren enfermedades o gozan de vacaciones. Ayer salieron a la calle, no será la primera vez.






