MDyC se lleva las manos a la cabeza tras los multazos a las empresas del juego online. No se las lleva por indignación o solidaridad con los negociantes, sino por el hartazgo que supone llevar tiempo denunciando las consecuencias de un mal control de este sector, chocándose contra la pared de quienes no ven la otra cara a la moneda. Aunque, en este caso, más que la cara es la cruz.
Una de las multas, nada menos que 512.000 euros, es por permitir el acceso a personas vetadas, a personas adictas que no deberían tener contacto con el juego. Hay quienes se toman todo esto a cachondeo, pero hay familias que viven un auténtico drama por culpa precisamente de esas adicciones. Hay quienes han quedado en la ruina, otros han destrozado su vida.
No es para tomárselo en broma, ni tampoco para sacar la bandera de la cantidad de puestos de trabajo que generan estas empresas obviando los deberes que tienen que cumplir y la gestión que, en materia de prevención, tiene que llevarse a cabo.
Parece que el Gobierno central tiene claro que no se va a bajar la guardia ante este tipo de situaciones. Veremos si, como con todo, terminan plegándose al gran poder.
El otro día hablaba con un amigo de cómo la gente era capaz de cometer tantos delitos y de forma tan torpe. Personas de familias acomodadas, que supuestamente no tienen ninguna necesidad, pero que terminan entre rejas tras pasar un coche con droga.
Hay adicciones difíciles de detectar, pero están ahí y causan mucho dolor y pesar entre familias que, además, no saben ni cómo reaccionar.
Los mensajes institucionales en torno a todo este sector quizá deberían cambiar su tono de aplauso para también mostrar qué está pasando. Por dignidad.






