El Pleno extraordinario celebrado este 25N fue algo más que un puro simbolismo, es la materialización de que la clase política debe estar obligatoriamente unida en la lucha contra la violencia de género.
No pueden existir fisuras, tampoco absurdas posturas negacionistas que podrían etiquetarse como gestos pueriles, pero estamos hablando de algo tan serio como la violencia ejercida sobre la mujer, una violencia que se traduce en muertes, en menosprecios, en la anulación de las personas.
Vox no estuvo, tampoco sorprende. Viven en un mundo paralelo teñido de la gravedad de no reconocer una realidad que sacude a todos, una realidad dura, bien lo saben las familias de las víctimas y los profesionales que trabajan día a día en este ámbito. No hay que cansarse de denunciar, tampoco de visibilizar lo que pasa, de unirse para una acción común que realmente consiga aminorar lo que es una auténtica lacra. La sociedad no puede dormirse, no puede quedar a un lado, tiene que permanecer unida, luchadora, sin perdonar cualquier comportamiento que se suceda. Porque a la violencia de género se le combate con la valentía de no mirar hacia otro lado, de dar un paso al frente, de hacer todo lo posible para que la sociedad sea más justa, más libre y nunca haya desprecios y agresiones físicas y psicológicas.






