No hay barriada que se libre del problema de los vehículos abandonados. Y el hecho es que la Ciudad los recoge de sus calles (son cerca de 500 los que ya se han retirado de la vía pública en seis meses)
pero estos siguen apareciendo. Los motivos que hay detrás de un abandono son variados, y la institución tiene que cumplir lo que marca la normativa antes de hacerse con uno de estos vehículos y trasladarlo al depósito. De aparecer el dueño sin haberse cumplido esos plazos, podría llegar a denunciar a la institución por daños y perjuicios. No es un pensamiento extraño, es que ya ha ocurrido.
Hay barriadas, como la del Polígono, que ha perdido cuantiosas plazas de aparcamiento público porque están ocupadas por coches abandonadas. Otras zonas como el puerto arrastran una hilera de vehículos que van perdiendo paulatinamente las piezas. La cuesta del viejo hospital, el entorno de Príncipe-Almadraba o la explanada del Chorrillo son algunas de las zonas que más sufren esta problemática. Lo peor es que su presencia genera varios problemas. El puramente social, porque eliminan parcas de aplazamiento (de esto no se libran ni los parking públicos ni los centros comerciales) y el delictivo, ya que una vez que son saqueados terminan siendo objeto de quemas que dan pie a la oportuna queja vecinal. Así la ciudad se va convirtiendo, por su condición fronteriza, en un peculiar cementerio de vehículos necesitada de medidas legales y políticas mucho más eficientes.
En detalle
Hay vehículos que han sido abandonados porque sus dueños están en prisión pero también los hay que tienen a sus conductores sumidos en una crisis económica que ha provocado que queden estacionados, semiabandonados, erigiéndose en un problema grave. Ayer por ejemplo los Bomberos tuvieron que acudir a Miramar para sofocar las llamas en un coche que estaba abandonado.






