El tema, que es grave, termina politizado. Y cuando la política toma protagonismo ya nada funciona como debiera, con transparencia y efectividad.
En medio están ellas, las mujeres a las que falló el sistema de avisos de cáncer de mama. Quienes tenían mamografías dudosas se quedaron esperando. El escándalo saltó en Andalucía, pero poco a poco se han visto afectados otros territorios.
Frente a la dura realidad del olvido y el maltrato sanitario y político asoman las campañas que, visto lo visto, se antojan hipócritas.
Podemos teñir de lazos rosas cualquier comunidad en una falsa solidaridad y respaldo ya que luego, en la práctica, esas mujeres quedan desatendidas, sin la acción rápida y necesaria en asuntos de tanta gravedad como esta. Abogar por una política del enfrentamiento, como solo saben hacer nuestros dirigentes, no hace sino atascar el problema generado, ponerse de espaldas a la víctima y generar mayor confusión donde se exige transparencia.
El ejemplo que socialistas y populares dan enfrentándose en los distintos foros de debate solo arroja una única conclusión: ni unos ni otros han realizado de manera adecuada sus tareas, ni unos ni otros parecen haber alcanzado el nivel de responsabilidad clave para abordar este asunto.
Frente a ellos quedan las mujeres, las que fueron víctimas de un diagnóstico equivocado o tardío, las que hoy no pueden protestar por las consecuencias de aquello y las familias que perdieron a un ser querido porque alguien no supo hacer su labor como debía.






