Hay cosas que te hacen ver la luz en una sociedad donde prima la sombra. No se trata de nada extraordinario, sino de algo que ocurre todos los días, pero que, en la mayoría de los casos, están cargados de interés, de cinismo, de protocolo, de pura hipocresía.
Hablo de los muchos homenajes y despedidas que se realizan a compañeros, empresarios, vecinos o artistas. En este caso, en el caso que nos ocupa, se trata de un homenaje sincero, generoso y carente de ningún interés.
La presentación del libro-homenaje de Vicente Álvarez a la figura del inolvidable Antonio Fernández Márquez ‘El Poeta’, es,como decía, un rayo de luz en una sociedad donde priman otros intereses.
Antonio Fernández, estará orgulloso, porque el promotor no es otro que Vicente Álvarez, la persona más reconocida, querida y admirada de esta ciudad.
Vicente y la Pavana son parte indivisible y eternos de esta tierra, algo que esta al alcance de pocos o de ninguno.
Con esta tarjeta se presentó en la biblioteca Adolfo Suarez ‘Barlovento’, obra póstuma de Antonio Fernández, que recopila algunos de sus textos. El homenaje comenzó con un repaso de Vicente a la rica vida del Antonio ‘el Poeta’ y terminó con la lectura magistral de Manuel Merlo al relato que da nombre al libro.
Antonio Fernández era una persona generosa, aunque poco tenía que ofrecer. Sin embargo, como le ocurre a Vicente Álvarez, siempre tenía en su obra un gesto de cariño, respeto y generosidad para los muchos amigos y conocidos. Nada tenía, pero lo que tenía lo ofrecía con respeto y generosidad desinteresada.
“La presentación del libro-homenaje de Vicente Álvarez a la figura del inolvidable Antonio Fernández Márquez, ‘El Poeta’, es un rayo de luz en una sociedad donde priman otros intereses”
Conocí al Poeta siendo un niño en el templo de la barriada O’Donnell, que no era otro, que Casa Juanito Arroyo. Taberna de chato y paso obligado de los vecinos de la barriada.
Allí, en aquellas reuniones interminables, se hablaba de fútbol, de la vida y de política, siempre que el bueno de Juanito Arroyo no te escuchara “Vamos a dejar la política, que esto es un bar”. Era el lugar de encuentro de los domingos y los más pequeños nos acercábamos para advertir a nuestros padres con la frase: “Mamá, que te des prisa, es la hora de comer”.
En aquellas mañanas de los domingos, recuerdo ver llorar a un hombre cuando Antonio le dio un texto dedicado.
Aquel hombre -un amigo y vecino del barrio- había vendido un barco de pesca y se marchaba con su familia a Cataluña. No recuerdo el texto, ni qué ponía, pero recuerdo a este hombre y a mi padre leer emocionados el poema que le escribió el bueno de Antonio.
Unos años después murió mi padre y Antonio, en uno de esos artículos en los que hacía un giro de contexto tan digno de él, decía, redacto de memoria “y bromas aparte, hoy me quiero acordar de José Amado ‘Joselito’, que subió la orquesta al Alfonso Murube el día del ascenso”, entre otras cosas. Ese era Antonio, un hombre generoso, que siempre tenía un minuto para los demás.
El pasado martes, algunos de sus muchos amigos, compartimos un ratito con Antonio para devolverle los mucho que nos dio, gracias a Vicente Álvarez, un amigo generoso que ha dedicado junto a su esposa, su tiempo. Un tiempo y esfuerzo a una persona que nada puede ofrecerle en esta tierra, de esto se trata la generosidad.
Barlovento se llama la obra; barlovento es la dirección de donde proviene el viento y, como no podía ser de otra manera, viniendo de Vicente Álvarez, en dirección a Antonio Fernández Márquez, fue un buen viento, el viento y la energía que desprende la buena gente de esta tierra.







Muchas gracias, querido amigo,eres muy amable.