¿Señora consejera de Sanidad, cómo tiene usted la cara dura de pedir paciencia a las personas que conviven con un animal, al que consideran un miembro más de su familia, respecto a la instalación del crematorio?
¿Le parece poco que el Partido Popular lleve 25 años gobernando sin haber hecho absolutamente nada al respecto?
¿Le parece poco, señora consejera, que durante todo este tiempo los ciudadanos hayamos tenido que soportar dejar el cuerpo sin vida de nuestros seres queridos en una clínica veterinaria, para que luego lo recojan y lo metan en un contenedor-congelador junto con otros restos de animales, y que, cuando esté lleno, lo trasladen no se sabe dónde para incinerarlo todo junto?
Eso de pedir paciencia se lo podía haber ahorrado, porque ha sonado más a burla que a otra cosa. Ya llevamos toda una vida esperando que pongan un crematorio en Ceuta.
¿Qué hicieron con las miles de firmas que se recogieron hace unos años en las clínicas veterinarias? Aquella campaña, organizada por la veterinaria Gabriela y apoyada por todas las clínicas veterinarias, incluía nombres, apellidos, números de DNI y firmas de miles de personas. ¿Por qué motivo no escucharon lo que pedían tantos ciudadanos? ¿No se supone que los políticos están para solucionar los problemas de sus ciudadanos?
Tengo la impresión de que la consejera de Sanidad no tiene ni idea de lo duro y penoso que es para una persona tener que dejar el cuerpo sin vida de un ser querido en una clínica veterinaria para que acabe en un contenedor-congelador con restos de animales y no volver a saber nada más de él. Estoy seguro de que usted no sabe lo que es eso ni empatiza realmente con quienes hemos pasado por esa situación.
Esta vez no les va a quedar más remedio que hacer un crematorio. No por empatía hacia las personas ni hacia los animales —eso ya han demostrado durante años que les da exactamente igual—, sino porque saben que, con el número de ciudadanos implicados en esta causa, en las próximas elecciones municipales pueden perder el gobierno (seguro que lo van a perder) e irse de cabeza a la oposición. Y eso no les interesa: el euro es el euro, y el sillón les gusta demasiado.






