Lo de buena persona y muy humano no solo lo digo yo por haberlo conocido personalmente, ya que lo traté varias veces, sino que también mi buen amigo Nazario Selles Bufórn, que fue soldado a las órdenes de este capitán, lo recuerda con mucho cariño por su cercanía y gran humanidad con los soldados.
Sobre lo que sucedía en aquellos días de guerra en los territorios del África Occidental Española así se explicaba detalladamente, y por ello cobra gran valor al ser un diario extranjero quien lo publicaba: “de vez en cuando, la prensa diaria lleva la triste y cara actualidad a unos lugares olvidados del mundo. Hay en Sidi Ifni un ejército cualquiera de Liberación, compuesto casi siempre por bandoleros y saqueadores que salen de sus cuarteles y avanzan entre muertos y gritos de libertad, pero ya hace muchos años se decía ¡libertad!, ¡libertad!, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”, Diario Novedades, Lisboa, 12 de diciembre de 1957.

El IV Tabor
Hojeando el historial y el diario de operaciones del IV Tabor de Tiradores de Ifni, el cual estaba compuesto por la 21ª Compañía al mando del capitán, Agustín López Andión, la 22ª al mando del capitán Flaviando Flores Valverde, la 23ª Compañía al mando del entonces capitán (fallecido coronel) Emilio Rosaleny Jiménez, la 24ª al mando del capitán José Varela López, y la 25ª al mando del capitán Saturnino Bargas Díaz. Como teniente ayudante, Emilio Atienza Vega, y al mando del citado Tabor estaba a cargo del entonces comandante Melquiades Rico Eguibar.
Los brillantes hechos de armas de este Tabor no sólo constan en su diario de operaciones, lo tienen grabado en sus corazones todos aquellos mandos y soldados que derrocharon valor, sacrificio y muchas fatigas en el campo de batalla.
Por citar algunos testigos y protagonistas, hay dos tenientes, que residen en Tenerife, Aurelio Garrido de la Torre y Nicolás González Carbonero. Ellos, como todos los militares, rehúyen del protagonismo y, a lo más lejos que llegan, es a manifestar que cumplieron con su obligación, pero los hechos son los hechos y ahí está el valor y el coraje con los que este Tabor se batió. Es digno del mayor elogio y máxime cuando muchas veces se enfrentaron con un enemigo difícil, con mejor armamento y más abundante que nuestras tropas.
Es público que los militares por sistema son reacios a magnificar los hechos como que hacían constantemente batirse en retirada al enemigo. La mejor prueba de estos méritos son los documentos de donde su diario de operaciones consta la felicitación colectiva a este Tabor del Jefe del Estado. Otra personal del ministro del Ejército, capitán general de Canarias, gobernador general de Ifni y coronel-jefe del grupo de Tiradores. En dicho documento oficial figuran distinguidos con la Cruz Roja al Mérito Militar el comandante-jefe del IV Tabor, tres capitanes, cinco tenientes, un alférez y siete soldados, cuyas condecoraciones fueron impuestas en un emotivo acto castrense por el coronel-jefe del grupo de Tiradores, Guillermo Rodríguez González.
Entre aquellos condecorados estaba el protagonista de este artículo, el entonces capitán Emilio Rosaleny Jiménez (fallecido de coronel), el cual estuvo varios años de su vida militar en Tenerife. Otro de los condecorados, mi buen amigo el coronel-Dem, Nicolás González Carbonero, citado en la felicitación junto con varios compañeros y soldados.
Alguien más cualificado que yo, el fallecido periodista Ramiro Santamaría Quesada, que cubrió la información en primera línea de fuego en la campaña, así publicaba esta crónica: “el valor de los tiradores está bien demostrado a través de las recompensas que recibieron sus jefes, oficiales, suboficiales y soldados. Jornadas duras, superadas con bravura y acierto. No hubo un fallo en las operaciones y nunca un paso atrás ante el enemigo, derrotado una y otra vez”.

La saga de los Rosaleny
Citar el apellido Rosaleny lleva implícito destacar el heroísmo de toda una familia de soldados que acreditaron el valor, lo mismo en campañas de nuestra patria que en las estepas rusas, y los más jóvenes esa otra clase de valor en misiones internacionales, como Francisco Rosaleny Pardo de Santayana, teniente coronel y también jefe de Estado Mayor de la BRIPAC, curtido en varias misiones de paz en el extranjero.
Otro era Francisco Rosaleny Burguet, que falleció de general de División. Fue gobernador de África Occidental Española, y tuvo dos hijos, Francisco y Emilio Rosaleny Jiménez, el primero falleció de general de Brigada (Medalla Militar individual), quien en las estepas rusas se batió heroicamente, cayendo prisionero, y estuvo en los campos de concentración durante once años. A su hermano, Emilio, todavía le recuerdo aquí, en Tenerife, con su carácter campechano y bonachón. Me gustaba, ya que era de ese tipo de personas que van por la vida de frente, sin tapujos ni hipocresías, pero estos comportamientos se pagan muy caro. Tan caro que el decir con claridad y sin halagos a un ministro lo que creía que había que decir, aquel día, al llegar a su casa, previendo lo que iba ha suceder, le dijo a su familia: “hoy he perdido el fajín de general”. No se equivocó y falleció sin alcanzar el generalato, pero tuvo la enorme satisfacción de comprobar la gran verdad de aquel poeta y soldado español: “las honras consisten, no en tenerlas, sino en sólo arribar a merecerlas”, Alonso de Ercilla y Zúñiga.
El coronel Emilio Rosaleny Jiménez era de esos militares curtidos en las tierras de África. Desde que salió de teniente de la Academia General Militar, el 15 de diciembre de 1949, y pocos días después, el 19 de enero del año siguiente, pasaba destinado voluntariamente al grupo de Tiradores de Ifni, y aquí permanecería hasta el año 1959. Como capitán en el IV Tabor de Tiradores se ve envuelto en la mayoría de los combates: primero en la 21ª Compañía interviene con su compañía el 2 de febrero de 1957 para restablecer el tránsito en la carretera que el enemigo había destruido. Posteriormente se traslada a Tag Agra, Tamucha y Hameiduch, en misión de protección a dichos puestos.
El día 1 de diciembre de 1957 sale con su Compañía con el IV Tabor a libertar Telata, teniendo varios enfrentamientos con el enemigo. Tres días después, el 4 de diciembre, tras liberar Tiliuin son atacados por el enemigo, en cuyo combate cae herido por fuego enemigo, siendo evacuado al hospital militar de la plaza y de aquí a Madrid. El 4 de marzo de 1958 se incorpora a su Tabor, donde se enfrentan al enemigo, al cual hacen huir, y a pesar de lo difícil para alcanzar el objetivo se realizó con rapidez y brillantez, y sólo con dos heridos.
Hasta aquí el espejo de un gran soldado que con su conducta acertó a dejar impresa esta cita: “de los que mueren dándonos ejemplo las tumbas no son tumbas, son un templo”.
Anónimo.






