Por la mañana buscaban los primeros rayos de Sol para empezar una labor tan esencial como buena para los Seres humanos, ellos lo sabían y mientras sus fértiles hojas verdes proporcionaban el oxígeno y utilizaban en anhídrido carbónico como fuente de alimentación, el Planeta los miraba con mucha devoción y les daba las gracias a cada uno de ellos.
Pero estos tres que llevaban aquí arraigados tantos años, eran esos que se dicen números uno, y felices arrancaban con su canción mañanera:
"Vengo a ser un funcionario con contrato y a jornada de Sol. Estoy enamorado de mi oxígeno y ver como mis hijos humanos, pueden respirar un buen oxígeno".
Y durante todo el año pensaban en lo que hacían y cuando venían los malos días, donde el Sol se ausentaba, ellos pensaban en descansar, para cuando hubiera lugar para seguir su labor de oxigenar a sus seres tan queridos y amados.
Cuando algún árbol caía, ellos lloraban su despedida y deseaban que en algún instante fuera llevado a aquel lugar una nueva alma gemela que les ayudara a dar ese indispensable gas a sus adorados amigos que les protegían.
Y la vida seguía, los padres bendecían aquellos árboles y les decían a sus niños: 'Veis lo guapo que son estos árboles, pues mientras haya uno nosotros podremos respirar y seguir en nuestro querido mundo tan felices ".
Y el orgullo de aceleraba en aquella savia que era la sangre de los árboles y con más fuerzas producían el oxígeno que nos hace falta a todos nosotros.
Y las canciones seguían escuchándose en el ambiente, y todos la escuchábamos y dábamos un pequeño guiño de agradecimiento.
Mi querido árbol
Fuente de amor y oxígeno
Sin ti no existiríamos.
Estamos tan agradecidos.
Que ni con mil gracias llegaríamos.
A dar las gracias por tus cumplidos.
Dime lo que te hace falta.
Y yo te daré esa hogaza
Del pan que tú nos guardas.
Para que nunca desaparezca.
Nuestra querida vida.






