No ha habido otra. Desde que el Defensor del Pueblo alertara de que la situación de los menores marroquíes tutelados por la Ciudad Autónoma no podía prolongarse más, el Gobierno local sabía que disponía de pocas opciones. Siempre se barajó que el traslado al albergue que se estaba construyendo en la barriada de Hadú con cargo a los fondos estatales era la mejor de las alternativas. Y así ha sido, porque las condiciones en las que se encuentra el centro de la Esperanza, donde se aloja a estos chicos, nunca han sido óptimas. Es cierto que el albergue tenía otro uso definido, igualmente social, para acoger a familias de manera transitoria, pero las circunstancias mandan, máxime tras la negativa de Defensa de ceder alguna de sus instalaciones para este fin. Sin embargo, la llegada de los menores al albergue no será bienvenida por los vecinos de la zona, a quienes hay que recordarles que los chavales llevan más de doce años viviendo en el antiguo chalet de San Antonio sin que sus vecinos, que también los hay, hayan expresado nunca quejas alguna.





