Una sonrisa pícara que nos lleva a un recorrido de placeres con nuestros amigos. Vuelan las cervezas, las risas y las tonadillas, esas jornadas de trabajo donde todo ha quedado atrás y ahora está la libertad, esa que nos ha proporcionado nuestros días de profesión, donde la seriedad y lealtad ha predominado.
Hoy estoy feliz, inmensamente, con esos que están conmigo, esos compañeros de fatigas que están ahí, y que dentro de nada serán un recuerdo, un instante, una parada en mi vida donde ha llegado la alegría y el estar con una familia de acogida, cual es esta Primera Compañía de Fiscal.
Y me voy con más experiencia, con más ideas de cavernas, y con mis placas de cabo mayor. No por tener un número determinado de años que me dicen: "Hasta aquí he llegado", sino tener la completa seguridad de haber estado en un lugar acertado y con gente de mi buen perfil.
Y con muchos sentimientos escuchas y ves los presentes que te dan amor, ese que te mereces.
Entró con sigilo y cautela ese hombre con una mentalidad especial.
Ser un Cabo primero, modesto y ejemplar de esta Institución de la Guardia Civil.
Su forma de hablar desde la modestia de un hombre normal, nos ponía en una y otra norma de pensamiento.
Uno que siempre conducía bajo su "forma de pensar", cualquier antecedente de nuestra vida regular.
Y el polen ponía por testigo que le iba muy bien y que era una máquina de tener esas relaciones que nunca se vieron cercanas a él.
Sus amores eran esa noble mujer que tenía parte suya, y que allá en un pueblo de Huelva, lo esperaba con tanta devoción.
Juntar sus días para poder pasar sus días libres con su joya vieja pero hermosa para sus ojos.
Y el instinto gatuno donde parecía que hablara con esas pequeñas fieras felinas que siempre querían estar con él.
Y pasaron los días sin querer que pasaran, pero así fueron. Y hoy estamos aquí juntos y ver cómo se nos va a alejar esta maravilla de Cabo Mayor.