Con la falta de policías que hay en las calles, con los frentes abiertos que tenemos en la actualidad, la Ciudad decide que es prioritario controlar a un colectivo asiático que lo único que pide es justicia. La institución municipal manda a sus patrullas a vigilar que los asiáticos no pongan las mantas que tienen sobre el suelo para dormir y tener calor, para que no levanten un campamento, para controlar que las mantas con las que se protegen ante una amplia indiferencia social no rocen el suelo. Es tan vergonzoso todo que parece irreal, pero no, está ocurriendo en nuestra ciudad, a poco menos de dos meses para la Navidad, la fiesta de la bondad extrema y las buenas causas.
Lo que está pasando con estos hombres es una auténtica injusticia. No hay explicaciones razonables para entender que mientras otros inmigrantes salen a los dos meses de estar en Ceuta a ellos se les retenga por una serie de intereses que mejor no comentar. Llegará su momento.
Ellos han sido pacientes y han agotado todos los cauces, esperando respuestas. Solo les queda visibilizar su causa para que la ciudadanía comprenda cuál es su historia, aunque desgraciadamente no haya muchos interesados en saberla. La Administración no se preocupa en evitar discriminaciones, pero sí en que unas mantas no toquen el suelo porque dicen que hay que cumplir las ordenanzas. Las mismas que aplica a su criterio, las mismas que cumple cuando considera oportuna. Es demasiado. La indiferencia, otra vez más, nos ha matado.





