A los veinte se enamoró. A los 23 se casó. Trabajó hasta los 53 para que a sus hijos no les faltara de nada. Aunque nació en Alhucemas, Marruecos, es caballa de corazón. Nunca ha dejado Ceuta, la tierra que lo acogió de niño y, en ella, ha formado una familia a la que ahora abraza a sus noventa y seis años.
Miguel Rodríguez alcanza casi el centenario rodeado de sus seres queridos. Ninguno ha querido ausentarse en una fecha tan señalada. Festejan estar a su lado y, sobre todo, que la vida les dé la oportunidad de disfrutar de su compañía.
Todos los allegados que se han sentado a su alrededor son las personas que se han presentado en su camino. Poco a poco, en un momento dado u otro, han aparecido fruto del amor y de la unión.
No solo es padre de Loli, María, Antonia y Miguel. Lo es también de Gema, su nieta. Ella misma afirma que, para él, fue como tener a otro progenitor más en casa. Muchas tardes de infancia las pasó con su querido abuelo.
“Me ha enseñado todos los valores que conozco”, admite. “Sé que para él fue un día especial mi nacimiento. Fui la primera”, detalla. No solo comparten lazos de sangre. La música también crea entre ellos un nexo que los lleva a recordar viejos tiempos.
“Cantábamos canciones juntos. Me grababa en las cintas de casete. Destaco una, muy personal para mí. Era ‘Tápame, que tengo frío’ de CocoGuagua”. No solo las melodías los acompañaron en esas entrañables tardes.
Gema rememora anécdotas de las que él fue testigo. “Echaban por aquel entonces el programa de televisión ‘Un, dos, tres…responda otra vez’. Tenían una coletilla. Decían que la tierra era redonda y que se demostraba de tal manera… Yo lo hice. Le partí un huevo en la cabeza”, relata, con cierto rubor entre risas.
Fue el hombre que le dio la mano al echar a andar y el que lo vio convertirse en la mujer que es a día de hoy. Ya lejos de esos ojos de niña, lo ve con una perspectiva más asentada. “Es un caballero. Es educado, culto e inteligente. La templaza que tiene es lo que define su carácter”, asegura.
Es un ceutí sencillo. Le gusta el fútbol y estar con sus seres queridos. Es seguidor del Real Madrid y le gusta leer el periódico. Aún, aunque la tecnología ha arramblado con el papel en los últimos años, él prefiere esa analogía que hay al pasar de una página a otra. Suele sumergirse en las noticias de Marca y de El Faro.
Aunque ahora sonríe rodeado de sus familiares en la tranquilidad de sus 96, la vida no siempre le ha sonreído. Ha tenido que despedirse de gran parte de sus hermanos. Criado en el seno de un hogar de nueve hijos, tan solo viven tres en este 2025.
Mucho antes tuvo que decirle adiós a su padre que, desafortunadamente, falleció con 35 años. “Los dejó huérfanos. Fue su madre la que tomó las riendas en ese momento”, explica Gema, su nieta.
La falta del abrigo económico de su progenitor también hizo que, con tan solo siete años, comenzara a colaborar en casa. “Empezó a trabajar a esa edad para llevar un trozo de pan”, especifica. Fue cobrador en autobuses. Hizo la mili cuando le tocó en Larache y, más tarde, obtuvo un empleo en el Casino Militar. Miguel incluso ha sido testigo de un periodo de España tan crudo como la Guerra civil.
A su compañera de vida, María, la conoció cuando ella tan solo tenía 16 años. A pesar de su juventud, pronto supieron que estaban hechos el uno para el otro. A los 19 y a los 23 contrajeron matrimonio, momento desde el que iniciaron su familia en la barriada de Villajovita.
“Más tarde se mudaron a los grupos Solís, donde reside él ahora”, agrega. Desde ese momento, de dos pasaron a ser seis. Años después, la casa se hizo más grande. A sus 96, Miguel esde cinco nietos y bisabuelo de cuatro chicos y de una chica.
La empresa Ybarrola fue en la que pasó el resto de su trayectoria laboral hasta retirarse. Él pasaba las tardes ojo avizor de todos los barcos que desembarcaban a su lado. Era vigilante y también trabajó en la zona del muelle. Se jubiló antes de lo previsto a los 53.
No solo se volcó en su juventud en sacar adelante a sus hijos. Le nace ayudar a los demás, por eso ha sido un ceutí comprometido con otros vecinos. Les echaba una mano siempre que podía. Fue tesorero de la asociación vecinal de Solís cuando fue fundada y formó parte de la junta directiva del Hogar del pensionista.
Este domingo sus seres queridos lo arropan, lo abrazan y celebran su longeva vida. “Esta noticia es para él. Estamos muy orgullosos del hombre que es. Deseamos que cumpla muchos más y esperamos que les guste este regalo a modo de dedicatoria”, expresa Gema.
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