El juzgado de menores esconde historias de delincuentes juveniles que no hacen sino ratificar la problemática que rodea a esta generación. Los hay incluso que baten auténticos records. Periodísticamente se le colocó el mote del ‘Vaquilla ceutí’ por eso de que gustaba robar los vehículos, circular con ellos, causar más de un destrozo y luego abandonarlos. Elegía siempre el mismo modelo, Ford Scort, y terminó causando hartazgo no sólo entre los miembros de la judicatura o la Policía, sino también entre las víctimas, algunas de las cuales tuvieron que enfrentarse a un siniestro total. Con sólo 16 años arrastra ya 17 procedimientos iniciados, todos ellos por la misma causa: la imitación del popular delincuente que erigido en un peculiar Robin Hood fue llevado a la gran pantalla por el cineasta José Antonio de la Loma. Ahora, tras ser denunciado por maltrato familiar, permanece interno en un centro de Canarias en donde recibe tratamiento terapéutico como otros menores que han seguido similares senderos.
Este es uno de los casos que engorda la llamativa lista de expedientes delictivos protagonizados únicamente por menores y que en Ceuta, al igual que en otras ciudades del país, tiene su importancia.
El caso del ‘Vaquilla’ es el caso de un delincuente habitual, dedicado a la práctica de robo de coches y a quien nunca se le pudo internar al imputársele un delito de robo de uso, que no lleva medida de internamiento. Fue únicamente al existir una denuncia por maltrato familiar cuando se pudo practicar su internamiento, quitarlo de las calles, acabar con una pesadilla policial y proceder a su tratamiento por el equipo del Área de Menores. Ya en el centro de Punta Blanca cometió más delitos centrados en atentados, desórdenes públicos hasta practicarse su traslado a Canarias.
Como él hay más. Quizás menos conocidos mediáticamente pero igual de problemáticos. El juzgado del área tuvo que tratar en demasiadas ocasiones con un menor de 14 años que, en plena adolescencia, se dedicaba a la práctica de robos con intimidación. Terminó interno después de festejar su cumpleaños cometiendo otro delito. También fue denunciado por maltrato familiar y arrastró varios procedimientos por práctica de delitos. No hace ni un mes que otro joven, con 18 años recién cumplidos, ingresó en prisión por confesar haber matado a su padrastro con un cuchillo jamonero. Su historia ha dado lugar al bautizado como ‘crimen de San Amaro’ pero esconde unas previas de falta de atención y posturas delictivas que no fueron tratadas cuando el detenido era un adolescente.
Historias de este tipo son las que provocan que se alcen voces solicitando la reducción de la edad penal hasta los 12 años. Lo defendió en las páginas de este medio el psicólogo Javier Urra, ahondando en las causas del fracaso de los padres con sus hijos y en el origen de la delincuencia juvenil, y lo refrendan otros expertos. La profusión de delitos es tal que hasta el archivo judicial deja un claro reflejo de cómo ha ido evolucionando, a peor, este tipo de delincuencia. Si hace años los casos de delincuentes juveniles se contaban con los dedos de una mano, ahora la Comandancia de Obras carece casi de espacio para albergar los tomos y tomos relativos a los delitos que cometen quienes no han alcanzado los 18 años.
Algunos de ellos, pese a sus posturas delictivas, terminan impunes, al no cometer acciones que lleven parejas medidas de internamiento. Es sólo gracias a la denuncia de los propios padres por maltrato de sus hijos cuando el juez puede intervenir, procediendo a su ingreso y dando cabida a que sea tratado por el Área de Menores. Un Área cuyos profesionales se enfrentan ahora a este tipo de comportamientos que si bien se estilaban en la península, en Ceuta no tenían prácticamente cabida.
Los adultos terminan explotando esta circunstancia utilizando a los menores para la práctica de delitos. El caso al que con mayor número de situaciones se enfrenta el juzgado es el que tiene a menores protagonistas de apedreamientos. ¿Quién los instiga, quién los mueve a atentar contra las fuerzas de seguridad? La Guardia Civil ha logrado la detención de dos o tres adultos relacionados, supuestamente, con estos controles. La lista de menores detenidos es larga, demasiado. Sus condenas, inexistentes: pocos meses de vigilancia en medio abierto y, en los casos más graves, internamiento por poco tiempo en Punta Blanca. Un centro, por cierto, en el que sus residentes se han envalentonado a raíz de la denuncia presentada por Comisiones Obreras por supuestos malos tratos y que está siendo objeto de investigación judicial.
La situación se pinta tal cual es y desde el Área de Menores se hace especial hincapié en la mejor educación de los padres para frenar posturas delictivas de sus hijos. Guías, estudios y exposiciones integran algunas de las soluciones publicitadas desde la entidad municipal.
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