Se cumplen 15 años y las tragedias no se olvidan. No se debe, sobre todo cuando no hay culpables que hayan pagado por asesinar a personas. Porque lo que ocurrió en la madrugada del 29 de septiembre de 2005 fue un asesinato en toda regla, un asesinato de personas que solo pretendían huir de los campamentos previamente asediados por los agentes marroquíes con palos y perros. Hubo disparos por la espalda, jóvenes desangrados en las concertinas que ahora maquilla el Ministerio de Interior y expulsiones en bloque, incluyendo heridos. Todo eso pasó en nuestra valla y hoy se cumplen 15 años de aquella vergüenza mayúscula y del despropósito con el que la clase política de este país abordó la situación. Nunca hubo un mínimo interés en que se aclarara nada de lo que pasó, se obvió una tragedia como si fuera algo normal. Europa, la falsa defensora de los derechos humanos, miró hacia otro lado con los muertos y lo hizo también con lo que llegó después: las expulsiones de los supervivientes y su abandono en el desierto.
Hoy 15 años después, algunos de los responsables de la época ya se jubilaron. Actuaron mal, su nefasta gestión quedó retratada con pruebas pero nunca asumieron la responsabilidad por sus hechos optando por blanquear su acción. Se difundieron los audios del que era jefe de la Guardia Civil ordenando la expulsión de subsaharianos heridos mientras los agentes del Cuerpo que estaban a pie de perímetro se veían desbordados ante tanta sangre y tanta tragedia. Ese jefe del Instituto Armado después fue nombrado director del CETI, estas son las incongruencias de los gobernantes y politicuchos de tres al cuarto así como de un sistema podrido, deshumanizado pero sobre todo olvidadizo. Yo no olvido y cada año, aunque me insulten y maldigan en las redes sociales, seguiré denunciando lo que sucedió ese 29 de septiembre de 2005, esa salvajada, ese atentado contra la humanidad que tuvo lugar en la valla de Ceuta y que nadie quiso investigar. Moriremos sin ese atisbo de honradez como respuesta a los que murieron.






