Autor: Ricardo Lacasa

El muelle de España

Fue en otras épocas uno de los paseos favoritos por excelencia de los ceutíes. Conectado por el Puente del Cristo con aquel otro, ‘el oficial’, que durante muchas décadas fue el de las Palmeras, la prolongación  del itinerario hasta el muelle de España solía ser una tentación para quienes gustábamos adentrarnos en tan acogedor dique que, abierto a poniente y a levante, permite desde su término el disfrute de la incomparable contemplación de la bocana y de los otros muelles, Dato, Alfau y Puntilla con su movimiento de buques y sus paisajes de fondo. Por supuesto que todo ello todavía sigue siendo posible, al menos de momento, pero claro, ni los gustos ni los hábitos ciudadanos de esta época son los del ayer.  Desapareció la pesca con caña en el lugar, tan frecuente antaño; como es historia también la propia costumbre de bajar hasta este muelle para contemplar la llegada o salida de los ferris; la de tributar la última despedida al familiar o al amigo que viajaba en uno de aquellos trasbordadores desde la misma punta del dique con el emotivo ritual del flamear de pañuelos; la de recrearnos con las muchas embarcaciones que allí recalaban; la de la actividad de sus desaparecidas grúas; la misma estampa de tantas parejitas buscando la complicidad de la noche en el lugar para sus incipientes escarceos amorosos o, incluso, el baño...

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Semana Santa en Ceuta

Creo que Ceuta puede sentirse orgullosa de su Semana Santa. No es ésta la tribuna apropiada para ahondar en su dilatada historia, aunque siempre será bueno recordar que se vive solemnemente desde hace más de cuatro siglos. Existen testimonios que hablan de la salida de algunas imágenes desde 1700. Si en algo sorprendemos a nuestros visitantes o a los que la descubren a través de un audiovisual, su sorpresa no puede ser mayor cuando advierten lo extraordinario de su riqueza patrimonial, artística y espiritual, máxime en una ciudad de las características de la nuestra. Es un auténtico prodigio, por no decir milagro, la salida de esas catorce hermandades penitenciales plenas de vida y actividad, con la puesta en la calle de sus veinticuatro pasos. Un palmarés que perfectamente puede colocar nuestra Semana Mayor a la altura de las mejores de Andalucía, bajo el señero estilo de la más pura escuela sevillana. ¿Y el futuro? Los datos poblacionales no invitan al optimismo. En enero habían empadronadas en nuestra ciudad 82.159 personas. No dispongo de cifras, pero quiero pensar que, de ellas, la mitad o muy poco más, son las que potencialmente pueden sentirse vinculadas con estas manifestaciones, bien desde el lado artístico, del espiritual o simplemente del de la tradición. La otra mitad, precisamente la que demográficamente más crece, es obvio que por razones de religión o cultura pasen de...

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La cacerolada

Anuncia, para hoy domingo, el grupo ‘Ceuta Insegura’ creado en Facebook con 13.151 miembros, hasta ayer, su convocatoria de una cacerolada, “para hacerse oír”. Tal movimiento de protesta no tiene precedentes en Ceuta. Me resulta difícil pronunciarme sobre cuál puede ser la respuesta popular a la llamada. Conozco de sobra a mi pueblo y me consta su histórica pasividad a la hora de lanzarse a la calle para reivindicar públicamente cualquier demanda, por trascendente que esta sea para su presente o su porvenir, excepto aquellas manifestaciones pro autonómicas. Eso sí, en la tertulia del bar o en el día a día con el prójimo descargamos a tutiplén cuanto llevemos dentro. Mucho te quiero perrito pero pan, poquito, que diría el sabio refranero. Veremos. La inseguridad ciudadana que parece haberse asentado en Ceuta es preocupante. Muy por encima de aquella que padecimos a finales de los ochenta y parte de los noventa. Hay diferencias. ¿Inseguridad subjetiva? ¿Se atreve alguien en las actuales circunstancias volver a tratar de hacernos ver lo blanco negro? Valgan sólo algunos hechos recientísimos. Atraco a los trabajadores de Trace a punta de pistola; a la central del 061; a un taxista a las puertas del Hospital al que propinan un culatazo que pudo dejarle ciego. Asalto a un menor en el Sardinero, también con pistola, y culatazo final. Con idéntica arma a unas jóvenes en su...

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Cataluña

Cataluña se nos va. La locura separatista parece no tener límites, especialmente en determinadas provincias como Gerona. Siete días allí me han llevado a muchas reflexiones. El puzle fotográfico que acompaña a esta columna no puede ser más expresivo. La ausencia total de la bandera de España en determinadas sedes oficiales o en entidades de la más diversa índole es alarmante. Como las rotulaciones de comercios y empresas, cartelerías informativas, folletos o paneles turísticos en los que se ignora por completo el castellano. Hasta escasean, en algunos casos ni se ven, los principales diarios nacionales en los kioscos de prensa. Paralelamente, el paisaje urbano parece poblarse cada vez más de banderas independentistas. Las ‘esteladas blavas’, con las tradicionales cuatro barras coronadas con un triángulo con una estrella en su interior. “Cataluña, nuevo estado europeo”, se puede leer en muchas de ellas. Llamativas son también las colgaduras en balcones con proclamas como “Luchamos por la independencia” o “Una República de progreso para todo el mundo”. Incluso al pie de los letreros identificativos de determinados establecimientos hay quienes no reparan en añadir “Luchemos por la independencia’. “Que gane el diálogo, que las urnas decidan”, titulaban en su artículo de esta semana en el ‘El País’ Junqueras y Puigdemont. Los independentistas insisten en colocar de nuevo las urnas y la inmediata desconexión con España en medio de dictados excluyentes y totalitarios que...

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Málaga

El 22 de octubre de 1992, la compañía Buquebús realizaba el primer viaje de la desaparecida línea marítima con Málaga. Un fallo en la barra del dique retrasó su salida por espacio de cinco horas, transcurridas las cuales la partida se realizó con normalidad. Mal empezamos, me dijo un amigo que viajaba en el barco. Tan mal que tiene los días contados, profetizó. Supersticioso como él sólo, se salió con la suya, porque la compañía terminó clausurando la citada línea. Tantísimos años demandando liberarnos del monopolio algecireño en nuestra conexión con la Península, uno creyó en el futuro de aquella nueva ruta que llegué a utilizar en algunas ocasiones. Buquebús nos dejaba en algo más de hora y media en la capital de la Costa del Sol, muy cerquita del tren de cercanías que nos colocaba en quince minutos en el aeropuerto internacional de Torremolinos y en dos minutos con la estación del AVE, dentro de una importantísima zona de comunicaciones, servicios, centros comerciales, médicos y de esos hospitales privados de referencia a los que solemos acudir muchos ceutíes. Por desgracia, la línea duró unos meses coincidiendo con el declive de la compañía. A Buquebús le falló una adecuada promoción inicial con tarifas de enganche y mejores barcos como el que pusieron al principio y que luego retiraron. Les perdió también su falta de puntualidad, desesperante en ocasiones, en...

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‘Quinín’

S e cumplen 15 años del fallecimiento de ‘Quinín’. Como fiel discípulo suyo del costumbrismo ceutí, género con el que supo sentar cátedra en este diario, no he podido por menos que rescatar su memoria al hilo de la triste efeméride. Abogado, funcionario, conferenciante, escritor y ferveroso cofrade, ‘Quinín’, como preferentemente solía firmar sus artículos, se nos fue a los 91 años, en silencio, en la residencia que lo acogía desde hacía algo más de un lustro. Decía yo por entonces que, con su marcha, el Cielo debería tener más pinceladas costumbristas caballas que nunca. Arriba le estarían esperando Paco Amores, Juan Díaz y Pepe Cosío, otros genios del género y grandes amigos desde que, de jóvenes, decidieron embarcarse en ‘La Voz de Ceuta’, aquel gran semanario de principios de los cincuenta. Desde entonces, la magistral pluma de ‘Quinín’ supo describir con una envidiable constancia y un estilo personal e irrepetible la Ceuta que dejábamos atrás hace muchos años. Aquella perdida ciudad tan profundamente andaluza, tan entrañable y tan nuestra con la que sabía recrearnos. El amor a su ciudad natal le llevó a acuñar aquello de la ‘Ceuta del alma’ que, a modo del más acendrado ceutismo, presidió toda su obra. “Soy ceutí en la seguridad de que siéndolo soy español. Ceuta para mí lo es todo. He nacido en Ceuta, vivo en Ceuta y deseo, si Dios...

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Carnestolendas

Carnaval en Ceuta. Treinta cuatro años lo contemplan. Con sus luces y sus sombras, su caídas y remontadas. Pero ahí sigue. Cuando cierro esta columna está a punto de arrancar la gran Cabalgata a la que me atrevo a asegurarle un gran éxito de participación y colorido. Otro asunto será su organización y coordinación. Cuestión difícil, puesto que bien pudieran congregarse en ella unas cinco mil personas, aunque no imposible de afrontar con éxito. Que de todo ha habido en su historia. Nuestro Carnaval es merecedor del mayor mimo institucional y popular. Recuperado y arraigado en los ceutíes, es un símbolo vivo más de nuestra identidad caballa y sentir andaluz. Cádiz es nuestro gran referente, al igual que nuestra Semana Santa busca su norte en Sevilla. Rescatemos pues el terreno perdido y más en una ciudad tan peculiar como la nuestra. ¡Queremos un teatro! Fue el grito de guerra durante muchísimos años de agrupaciones y público. Y ahora que lo tenemos y con las entradas más accesibles, resultó que hubo momentos del certamen en los que las butacas estaban casi en su mitad ocupadas y en otros prácticamente vacías, y a las imágenes de RTVCE cabe remitirse. Vamos a ver. Lo que no es de recibo es que una vez que haya actuado su agrupación se marchen sus simpatizantes o que el concurso termine a altas horas de la...

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Rebuscadores

La foto, captada en la plaza Padre Arenillas, a plena luz del día, no es una estampa casual. Centro y barriadas son escenarios habituales de hechos similares protagonizados por marroquíes desde illo tempore. La falta de expectativas laborales del país vecino y la desprotección social mueven a recurrir algunos de esos ciudadanos a este degradante modus vivendi, arrastrados por su irreversible pobreza. Viéndoles hurgar en los contenedores, la escena parece trasladarme al Madrid de los ‘traperos’ de comienzos del pasado siglo, tan magníficamente retratados por dos grandes escritores de la época, Blasco Ibáñez y Pío Baroja. “Desde su juventud explotaba una de las mejores calles, todas ellas de señorío que comía bien”, decía en ‘La horda’ el novelista valenciano. Y Baroja nos acercaba al señor Custodio del que destacaba que “sacaba para vivir con cierta holgura; tenía su negocio perfectamente estudiado” en medio de “aquella vida tosca y humilde, sustentada con los detritus del vivir refinado y vicioso; aquella existencia casi salvaje en el suburbio de una capital”. Tal protagonismo llegaron a tener estos ‘traperos’ matritenses, que tampoco escaparon a las crónicas costumbristas de la época, con sus carros tirados por burras o mulos que llenaban con la recogida de desechos de todo tipo, escarbando en las basuras, que luego clasificaban minuciosamente para su ‘comercialización’. Cuentan que llegaron a autorizarse unos 4.000, la mayoría con sus carros también debidamente...

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La plaza de Nelson Mandela

Aveces se me asemeja a un búnker en medio de un triste páramo, una de esas reliquias bélicas abandonadas y tétricas. Otras, creo ver en el lugar alguno de esos patios vacíos y melancólicos, en los que gustaba ver morirse las tardes de verano a los sevillanos atribulados. Y siempre el monstruo de fondo. Gélido, antiestético, desafiante como una divinidad de lo absurdo. Mire, yo no sé usted, pero a mí la plaza de Nelson Mandela me hace caer en una unamuniana tristeza. Y pensar que en ese suelo estuvo el coqueto patio central del histórico cuartel del Rebellín… Lo he escrito en alguna que otra ocasión. Lo de la manzana del Rebellín fue uno más de los despropósitos que tradicionalmente se vienen haciendo con nuestro patrimonio histórico. ¿Qué queríamos un teatro? Pues justo enfrente estaba el ‘Cervantes’. Con más capacidad, seguro, que ese auditorio, tan moderno y confortable. Lo que quieran. Pero a costa de muchísimo dinero. Todo un derroche para levantar en una privilegiada zona de nuestro centro urbano un conjunto arquitectónico atípico, extraño y al capricho inamovible del gusto y de las peculiares ideas vanguardistas de Alvaro Siza. Que en Ceuta podría haberse encontrado un arquitecto para este proyecto no me cabe la menor duda. Un ceutí, sí. Un conocedor del paisaje, del estilo y del alma de su tierra. Quizá y como comprometido urbanista con...

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La ciudad que quería ser turística

Un año más, el pasado mes, estuvimos en Fitur. ¿Para qué?, me volví a preguntar. ¿Cuántas veces habremos acudido a esa coctelera de lujo del turismo, con los consiguientes gastos, y qué rentabilidad nos ha ido generando? Me alegraría equivocarme, pero de la nueva cita madrileña me temo que poco o nada podemos esperar al menos en las actuales circunstancias que concurren en la ciudad. El turismo en Ceuta es asunto de tarifas navieras asequibles, de imagen, de generosas ayudas de las administraciones, de iniciativas e inversiones privadas, de chispa, de imaginación, de mimar los pequeños detalles, de voluntad de creernos lo que pretendemos ser y, ahora más que nunca, de la frontera… ¡Ay el Tarajal! Resulta que, quizá más que el precio de los barcos, se nos ha convertido en el principal y más importante problema para hacer realidad esa deseada ciudad turística que, lejos de avanzar, parece dar pasos hacia atrás. Y mire Vd. que de lo del turismo de Ceuta se viene hablando ya desde casi un siglo. El 27 de julio último y a propósito de esto, me retrotraía a los primeros movimientos que en torno a este tema se pretendían dar en la ciudad, allá por los años veinte. Me apoyaba en cuanto decía al respecto el desaparecido diario ‘La Opinión’, el precursor de ‘El Faro’, dejando para más adelante esta particular historia de...

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