Autor: Juan Carrasco de las Heras

En su sitio

La noche del cazador En 1955 la sociedad en Estados Unidos transitaba por una depresión generalizada de lo más propicia para la irrupción de la primera (y a la postre, también última) película como director del grandísimo actor de cine y teatro británico Charles Laughton: se trataba de una retorcida fábula que bien podría recordarnos al cuento de los tres cerditos con un lobo espeluznante encarnado por Robert Mitchum en uno de los grandes papeles de su vida. El mismo actor reconoció años después que el icónico personaje del reverendo Harry Powell había sido el favorito de toda su exitosa carrera. La paradoja fue que la cinta supuso un tremendo fracaso de taquilla y crítica, tachada de galimatías aburrido de dudosa moral, y el desánimo de Laughton le llevó a no volver a dirigir nunca más (al menos para la gran pantalla, sí para teatro). El tiempo ha puesto a esta joya oscura y agónica en su sitio a la vez que nos otorga la perspectiva suficiente como para lamentar que ahí acabara la aventura tras las cámaras del realizador. Todo el reparto despide verosimilitud, y una trama simplona, inocente y que ahora podría tildarse de algo relamida (hay que hacerse cargo, eran definitivamente otros tiempos) crece en el paso firme de ideas claras del director, en la portentosa fotografía de Stanley Cortez, que pone los pelos de punta...

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Integrismos (Ghost in the Shell: El alma de la máquina)

Transitamos actualmente por la era cinematográfica de la adaptación del cómic, y eso tiene sus ventajas y también sus inconvenientes. Si uno es aficionado al personaje salido de las viñetas se verá arrastrado hasta las salas de cine, es esta la parte que hace frotarse las manos a los que financian el asunto, pero a la vez te cuesta mucho ver el producto con ojos de espectador sin hacer comparaciones provocadas por el fan interior. La imagen preconcebida puede nublar en no pocas ocasiones, para bien o para mal, el criterio de lo que vemos en la pantalla. Para gustos los colores, esto no es ni bueno ni malo, pero esta disertación inicial me ayuda a explicar la sensación que a veces tengo cuando veo a mis héroes de la infancia (muchos, soy comiquero irremediable) en carne y hueso y luego tengo que hablar(les) del trabajo de tal actor o cual director artístico. Pues bien, el manga no es lo mío y en el caso de Ghost in the Shell he podido ponerme con cierta y extraña satisfacción por una vez en la piel del profano; así las cosas, me encontré en el preestreno de la versión de la famosísima obra gráfica de Masamune Shirow rodeado por hordas de integristas del manga y el anime que marcó a una generación. Resultó casi un experimento sociológico el hecho de analizar...

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Factor sorpresa

Me encuentro gratamente sorprendido por una película bélica española (!!) de un director desconocido que hace sus primeros pinitos y de una dificultad logística difícil de salvar para una industria cinematográfica en pañales en lo que se refiere al género. Con todos esos condicionantes, añadiendo los del precio de la entrada de cine, Zona hostil tiene todas las papeletas para ser esa cinta que pase desapercibida para el grueso del público y de esas que acaban siendo (ejem, ejem) eliminadas de cartel mucho antes de tiempo. Yo tengo en conciencia de cinéfilo destacar esta película apasionante que vence cada uno de los prejuicios de aquel que le dé una oportunidad y que demuestra un ritmo y un manejo de la tensión dramática dignos de cineastas con un poso de experiencia mucho mayor que el de Adolfo Martínez (ojo con este nombre proveniente del mundo del storyboard), apuesta de Gerardo Herrero para esta primera película tras las cámaras. Sencillamente boquiabierto me ha dejado. La película trata para todo tipo de público, sin volantazos moralistas, políticos o reivindicativos, una aventura real vivida por soldados españoles en la contienda de Afganistán, donde se vieron defendiendo su posición ante los ataques de los insurgentes en una zona orográficamente mortal de necesidad. Todo ello para proteger y rescatar un helicóptero medicalizado que había caído durante el aterrizaje. Las claves de una obra tan satisfactoria...

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Diversidad (La Bella y la Bestia)

Nada más empezar la película te vas dando cuenta de las caras de unos y otros, así como del calco, fotograma a fotograma, de la hermana originaria de 1991, y ves que este proyecto ha sido concebido mucho más que para el disfrute de los pequeñajos, que empatizan más con los dibujos animados en historias fantásticas, para los que vieron La bella y la bestia cuando eran niños y ya no lo son. El caso es que Disney ha decidido darle una vuelta de tuerca a sus más populares clásicos de animación resucitándolos en imagen “real” con actores de carne y hueso, y para esta historia cuenta con el realizador Bill Condon, experto en éxitos de blockbuster y un reparto de verdadero lujo que te estrujo. A estas alturas de la película pasaremos un poco de puntilla por el archiconocido argumento de la muchacha que acaba buscando a su despistado y cautivo padre en un castillo encantado por una hechicera que ha convertido al príncipe (obsesión de Disney con la realeza, verdadera obsesión) y a sus sirvientes en bestia (cubriendo la cuota de diversidad) y objetos animados en ese orden, y el amor redentor de la muchacha, que lo que ve de todos está en el interior, es lo único que puede salvarles. Moraleja al canto. Enunciadas las premisas que huelen un poco a naftalina, hay que añadir que...

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Gañanes

Es por tu bien Este tipo de comedia ligerita de echar unas risas mirándonos al espejo ha sido históricamente una apuesta segura, muy del gusto del espectador de a pie en España, que es el que marca el éxito de una película y el que de verdad importa por consiguiente, que diría aquél. Quien suscribe se sabe marciano, ni mejor ni peor que aquel con el que se cruza por la calle, pero sí distinto en el gusto por el humor de desconexión rápida, indolora e insípida; es por ello que cuando me atrevo a consumir uno de estos productos, lo hago por si acaso con la nariz tapada y el vello erizado, pero en el caso que nos atañe, sin llegar a la satisfacción, debo reconocer que la cosa ha resultado funcionar algo mejor de lo esperado. Carlos Therón nos propone una hilarante e inverosímil historieta que coloca a tres concuñados de rostro muy familiar para el espectador (nada menos que José Coronado, Javier Cámara y Roberto Álamo) en la tesitura de lidiar con uno de los mayores temores de un padre, si no el mayor: que tu hija tenga como novio un tipejo indecente, impresentable o algo peor… Con semejante panorama, a los tres gañanes no les queda otra que aliarse en su demencial y torpe cruzada para alejar a estos ladrones de hija ajena, lo que...

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Que llueva, que llueva (‘El Guardian Invisible’)

Con bastante predisposición a pasar un buen rato fui al cine a ver esta película de un género magnético y atractivo, en el que la industria española tanto ha avanzado en los últimos tiempos. Y me topé sin embargo con errores del pasado que me impidieron introducirme por completo en la asfixiante atmósfera casi (a fogonazos sin el casi) sobrenatural de la película. Pero sin saltarnos pasos para comenzar por las conclusiones, comencemos por el aspecto informativo de lo que supone esta adaptación de la exitosa obra literaria de Dolores Redondo. La historia supone la investigación de la posibilidad de un asesino en serie en las inmediaciones de la población navarra de Elizondo, tierra natal de la agente de policía a la que encargan dirigir las pesquisas y de la que lleva años huyendo por motivos que se irán desvelando. Así las cosas, Amaia Salazar (Marta Etura) debe volver a casa para toparse con el caso de su vida y los obstáculos del pasado entorpecerán todo lo posible su agudizado olfato de sabueso. El caso es que Navarra no se prodiga como escenario en el cine, y para una vez que tenemos el placer de ver los increíbles escenarios naturales de un pueblo espectacular, las circunstancias argumentales hacen que casi siempre se desarrolle la acción de noche y lloviendo como si no hubiese un mañana. Mala suerte. Quizá, de...

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Fundido en negro

Logan Cuando uno ha crecido con un personaje de cómic y luego a la edad adulta lo ve nacer en el cine para posteriormente asistir a la última entrega de sus aventuras en solitario (al menos en lo que se refiere al actor que siempre lo ha encarnado), no te queda otra que pensar que te estás haciendo viejo, que esto de los superhéroes va muy, muy deprisa, o ambas cosas. El caso es que Logan, efectivamente, supone el canto del cisne de Hugh Jackman, actor que nació para este papel, con las garras de Lobezno. Y la cinta, que ha dado varias vueltas, se ha rodado porque está basada en una popular serie de cómics en la que el emblema del sello mutante de Marvel se muestra decrépito y en sus últimos días (cosas de Disney y su “no a la publicidad gratuita para Fox”, dicen), lo cual ha aportado un toque muy oscuro al proyecto y una oportunidad para el actor de enfocarlo desde una perspectiva más madura y lucida para la interpretación. En esta ocasión, ambientado en un futuro cercano y de la mano del realizador James Mangold, el (anti)héroe del esqueleto de adamantium se embarca en compañía de su inseparable Charles Xavier en su última misión: salvar la vida de una niña muy familiar que supone el futuro de los mutantes, en proceso de extinción...

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Show must go on

Nuestra “fecha de caducidad”, la inexorable edad, siendo una realidad universal e inalterable, no se refleja por igual en todos; varios factores le dan aliciente a eso de no saber cuánto, cuándo ni en qué condiciones la vida nos va a cornear, y a la vez esa bendita inconsciencia te empuja a tener puesto un ojo en el mañana. Pero huyamos del fatalismo y el mal fario, que diría aquella, precisamente con un ejemplo de estar en forma (imagino que sus goteras tendrá, pero atengámonos a lo que se puede apreciar), celebrando que el gran John Williams, posiblemente el mejor compositor de cine de siempre, acaba de cumplir 85 añitos en plena actividad profesional, cuando muchos llevan ya jubilados dos décadas. A nadie voy a descubrir a estas alturas de la película, nunca mejor dicho, la figura del hombre vivo con más nominaciones a un Oscar (¡¡50!!), y segundo de todos los tiempos sólo por detrás de Walt Disney (59). De ellos, ha ganado 5, uno con El violinista en el tejado (Mejor Música Adaptada en 1971) y cuatro más por la mejor música original de Tiburón (1975), La guerra de las galaxias (1977), E. T.: El extraterrestre (1982) y La lista de Schindler (1993). Es igualmente la persona que más veces ha competido contra sí mismo en una misma categoría. A la descomunal lista de reconocimientos hay que...

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El día después (Jackie)

Pablo Larraín, reputado cineasta que se hace cargo de esta espinosa empresa, nos aclara en la presentación de la misma que no se trata de un biopic o de un retrato robot de la más famosa Primera Dama de los Estados Unidos (título honorífico que allí tiene en todos los aspectos y claramente mayor relevancia que en cualquier otro sitio del mundo). Tampoco se trata de desmitificar a Jacqueline Kennedy (aunque, con o sin la intención, un poco sí que lo hace), personaje intocable e impecable para sus compatriotas, ni de recrear la muerte de JFK con toda la parafernalia, que para eso está Oliver Stone. Jackie es una notable visión sin contaminar de lo que pudo ser el escenario de los días después del asesinato del presidente desde la óptica de su tan excepcional como humanizada esposa. Y es precisamente ese toque “sin contaminar” el que no ha caído bien a los estadounidenses, el hecho de que venga un chileno a contarles que quizá su superhéroe no era perfecto ni tampoco su adorada cónyuge. Y es esto a buen seguro, por mucho que se niegue, lo que ha limitado las posibilidades de esta cinta en la gala de los Oscar plantando cara a tanta luz y color que este año envuelve a La La Land (la pesadilla americana frente al sueño americano). Porque Larraín es un consumado especialista...

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El día de la bestia

Múltiple M. Night Shyamalan vuelve tenaz a intentar que se le conozca por más que ser el director de El sexto sentido, porque si duro es que con cada trabajo que hagas se te recuerde por uno anterior, más lo es que se trate de tu primera cinta. Pero los varapalos críticos y de recaudación a los que su cine se ha visto sometido en todos estos años lo hicieron transitar de enorme promesa emergente a director del montón, con lo que supone y lo mentalmente poderoso que debes ser para sobreponerte a semejante salto al vacío. De psique va precisamente esta vez la cosa, puesto que el realizador le da a James McAvoy, el nuevo Charles Xavier de X-Men, un enorme morlaco con el que lidiar: el personaje principal de esta historia encierra dentro de su mente más de una veintena de personalidades, con lo que podría jugar consigo mismo un partido de fútbol con árbitro y todo. Pero poca broma, que estamos ante un asunto muy delicado, y más si tenemos en cuenta que por estadísticas, con esa muchedumbre ahí encerrada, tiene que haber al menos un par de ellos malos… Así las cosas, la personalidad “mala bestia” se hace cada vez más dominante y el protagonista pasa a lo largo del metraje de inestable a nitroglicerina en una coctelera, y en medio de la traumática transición...

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