Como si de tauromaquia se tratara, con estas tres palabras sentencia Aznar los últimos resultados electorales del PP. A medida que los populares se enfrentan a unos comicios, se van convirtiendo en un partido secundario las más de las veces, y otras en marginal. Sin lugar a dudas, si quieren sobrevivir a estos tiempos, deberían moverse en otra dirección. Lo más difícil es hacerlo en la correcta y en los escasos tres meses que faltan hasta las elecciones.
Es tanto el emponzoñamiento de la imagen del único partido que ha sido capaz de evitar la catástrofe en España, que ya da igual que la economía vaya más o menos, ni siquiera que se estén reduciendo las dantescas cifras del paro, ni aumentando los cotizantes a la seguridad social. La imagen que percibe la mayoría de la sociedad es que la democracia ha sido corrompida, que el culpable es el bipartidismo, y que difícilmente tiene remedio.
De ahí tanto voto de castigo. Voto cuya utilidad no es otra que echar gasolina al fuego de la inestabilidad democrática. Muchos votarán no a favor de tal o cual partido, sino en contra, ignorando que la democracia se construye a favor de, no en contra de nadie; a sabiendas de que muchos de esos votantes se van a arrepentir de haber realizado ese acto de odio visceral minutos después de conocer el resultado de las elecciones.
Pero el PP no puede, ni debe, tener como recurso el voto del miedo. No puede utilizar la misma estratagema del doberman de Alfonso Guerra con la “derechona”, cuando lo que ha fallado ha sido la pésima estrategia de comunicación que ha sostenido durante 4 años.
El “arriolismo” también es corto y jamás pensó que de aquellos polvos, estos lodos en los que ahora se ve inmerso un Partido Popular con una imagen fementida con la que no acaba de convencer ni a propios ni a extraños, y por eso ahora se ve templando gaitas previendo un futuro pacto que le mantenga en el poder.
Los populares están procurando levantar barreras infranqueables con otros partidos, actitud que beneficia a la democracia. La cuestión radica en si el PP se está refundando ideológicamente sin anunciarlo públicamente, ignorando a sus bases, para conseguir este pacto.
A alguno se le va a atragantar el pavo en la cena de Nochebuena cuando comprenda el Gobierno que se le avecina a España, porque los 13 puntos que le faltan al PP para gobernar en solitario se antojan muy caprichosos y difíciles de superar, sobre todo si solo se apela al miedo a lo que vendrá.
Los populares no pueden salir a conformarse con un pacto con Ciudadanos o con quien sea. Deben defender un proyecto que hasta ahora ha librado a España de la quema, aunque sea a costa de mucho sufrimiento.
Lo otro, el pacto izquierda extrema – izquierda, ya lo conocemos y en algunas partes de España lo sufren.
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