Era previsible. La visita del ministro de Educación a Ceuta tuvo ayer dos caras. Una, la amable, la protocolaria, la que se resume en la hilera de anuncios oficiales que, llevando la nota política colgada, suelen ser difíciles de creer. Cuando un ministro promete más colegios mejor echarse a temblar.
Ya lo hizo el socialista Gabilondo, permitiéndose el lujo de ridiculizar las pocas creencias que le daban algunos periodistas, para después marcharse por la puerta de atrás habiendo dejado inversiones puramente fantasmas. Más colegios, nos anuncia Wert. Mucho hay que avanzar para que la educación deje de llevar la etiqueta de tercermundista, para que en las aulas en las que estudian nuestros hijos no haya tanto exceso de alumnado, para que los colegios sean centros dignos, para que los escolares puedan disfrutar de infraestructuras amplias y no de barracones hacinados.
Wert ofreció esa cara oficial y tuvo que soportar la otra: la de la crítica. El ministro respondía a mi compañero Adrián en la entrevista que hoy publicamos que no le constaba que la Junta de Personal Docente le hubiera solicitado una cita. Ni le consta ni le tendría que haber constado. Un ministro que llega a Ceuta a las diez y se marcha más allá de las cinco de la tarde dispone de tiempo suficiente como para arbitrar un encuentro con los líderes sindicales y escuchar, qué menos, sus quejas. Pero el gabinete del Ministerio debió pensar que no era necesario y decidió quedarse solo con una cara de la visita, dejando a un lado las otras visiones de lo que es y de lo que le espera a la educación. O mejor dicho, al futuro de Ceuta.
Los abucheos a Wert se produjeron a las puertas de la Biblioteca pero también en la visita girada al Campus. Las pitadas, las críticas van en el sueldo de quienes llevan responsabilidades. No así los insultos. Si hay quienes piden una educación mejor, si hay quienes se quejan por la política de recortes, si hay quienes quieren mostrar que con las directrices actuales no se llega a buen puerto... no se puede dar el ejemplo, equivocado, de colgar una pancarta en la que al ministro se le regala todo tipo de insultos. ¿Cómo pedir una mejora educativa si entre mensaje y mensaje reivindicativo se cuelan insultos bajunos?
La comunidad educativa quiso mostrar su malestar con Wert. Y buena parte de ese amplio grupo lo hizo de forma adecuada, mostrando el malestar que se repite en otros puntos del país. Pero también los hay quienes no entienden el mensaje que ayer les debía llevar hasta el Campus para criticar: ¿cómo pedir una mejor educación si hay quien ni siquiera la tiene?
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