Nadie quiere jugar los play-off por no descender. Ni el CN Rubí, que se encuentra sumido en la parte baja de la tabla, ni tampoco el CN Caballa que, aunque está metido en terreno pantanoso como noveno, está a un paso de pisar tierra firme para evitar lo que es una ruleta rusa diabólica donde cualquier cosa puede pasar. Ceuta quiere continuar estando en la máxima categoría del waterpolo nacional y, de paso, soñar en grande con Europa.
No obstante, ese paso en firme se ha desestabilizado tras un inoportuno resbalón. El que sufrió esta misma mañana de sábado, contra el Rubí en el Díaz-Flor, tras caer en la fatídica tanda de penaltis.
11-12 acabó este encuentro que, aunque ni mucho menos condena al descenso a los ceutíes, les aleja más de ese sueño europeo. Le salió cruz en este caso a un equipo que, pese a todo, lo peleó hasta el final en un ejercicio de esfuerzo, intensidad y alta competición.
Desde el inicio tuvo que remar —o nadar— a contracorriente. Los primeros minutos estuvieron marcados por la falta de acierto y la solidez defensiva de ambos equipos, que encontraron serias dificultades para entrar en ritmo anotador. En un partido con escasez de goles, las imprecisiones y, quizá, el temor a asumir riesgos terminaron marcando el desarrollo del juego.
Nadie quiso romper el hielo. Nadie quiso dar el paso al frente. 1-1 al finalizar el primer cuarto, y 3-3 para despedir el segundo. Quizás propuso un poco más el equipo más necesitado, el Rubí, porque el Caballa tan solo fue capaz de meterse en el partido desde el punto de penalti. Ese mismo que le sonrió en ese momento y, al final, le acabó dando la espalda.
El segundo de ellos, señalado sobre la bocina, ante las quejas reiteradas del entrenador visitante y el alivio de los ceutíes, que se encontraron con una oportunidad de oro para meterse en el partido. Juan Carlos Reguera y Janos Baksa no estuvieron dispuestos a perdonar. Lanzaron con fuerza a la red desde el punto crítico para empatar la contienda.
Ese empate sobre la bocina le dio el impulso suficiente como para salir con todo al tercer cuarto. Dos golazos de Juan Carlos Reguera y Vicente Matoso para ponerse por delante, al que después le siguió uno más. Un gran momento del Caballa en el partido, que el Rubí pudo al menos maquillar con un tanto de Sergio Fernández de penalti, para no despegarse mucho más.
6-4 acabó este tercer cuarto. Los aficionados del Caballa presentes en las gradas aplaudieron para reconocer el esfuerzo de los suyos, que pareció más que suficiente para celebrar una victoria anticipada.
Sin embargo, el Rubí sacó fuerzas en el último cuarto para anotar tres goles, que bien pudieron ser más sin las meritorias intervenciones de Barnabas Kovacs en forma de paradas tirando de una gran elasticidad. El Caballa, por su parte, tan solo acertó a marcar uno. Obra de Josep Puig. Un gol en igualdad por lo que, con el empate a siete en el marcador, los equipos se enfrentaron al punto de penalti.
Un lanzamiento de la moneda al aire con fuerza que, tras varias volteretas, acabó mostrando la cruz. 4-5 a favor del equipo catalán que lo celebró con rabia, frente a un Caballa que no termina de levantar cabeza. La permanencia, de momento, no peligra. Aun hay tiempo para reaccionar, pero el sueño europeo cada vez está más lejano de convertirse en una realidad.
Le toca ahora remar.
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