Eso de aferrarse a que la temporada de baño no empieza hasta el 15 de junio para justificar que todavía hay días suficientes para tener las playas a punto es la mayor tontería estilada en una ciudad donde el clima hace que desde mayo y hasta al menos octubre la gente pueda y quiera ir a cualquiera de las playas existentes. No solo vamos con retraso sino que nunca nos esmeramos en ser una ciudad adaptada a las reclamaciones sociales, empeñándonos en seguir encorsetados en lo puramente oficial. Somos incapaces de burlar un calendario, de innovar, pero, peor aún, ni siquiera lo cumplimos. A estas alturas, por ejemplo, era habitual que Trace tuviera listo todo lo que debía colocar. No lo ha hecho sin que tampoco, al parecer, haya quien le exija hacer lo que debe. Las condiciones de las distintas playas con las que queremos captar al turista, hasta el punto de que ya hasta se ofrecen bonos descuento para que no haya excusas que justifiquen el no cruzar el Estrecho, no son las propias de un territorio que necesita echar mano de los escasos recursos que tiene para enganchar, pero resulta que es incapaz de hacerlo. Si Ceuta no vende su turismo, con un aporte distinto a lo que cualquiera puede encontrarse en el sur peninsular, ¿qué pretende, más allá de colarnos sus montajes de visitas esperanzadoras a los madriles acompañados de la siempre agraciada Cámara de Comercio?, ¿qué novedad busca ofrecer cuando lo poco que hay ni se cuida?
Dejando a un lado la polémica suscitada en Calamocarro, dando margen así a Costas para que culmine las labores aún en ejecución (sobre todo porque sería lo fácil en estos momentos), llegamos a las puertas de la temporada y, como siempre, se siguen arrastrando los mismos problemas. Uno de los casos más insultantes lo tenemos en la playa de perros. Los que tenemos mascotas no sabemos en qué condiciones nos la vamos a encontrar después de que, por fin, el año pasado se consiguió disponer de una zona de esparcimiento. En una ciudad que DESPRECIA, así en mayúsculas, el cuidado de los animales hasta el punto de ser connivente con el maltrato institucional hacia ellos, no puede entenderse que no se intervenga con el tiempo suficiente como para tener todo listo y a su debido tiempo.
No hay que esperar a las críticas, hay que impedirlas haciendo bien el trabajo, manteniendo todo de una forma adecuada sin esperar a tener que pagar por colocar la bandera azul, igual que por las escobas de plata de Urbaser. Si nos venden como un logro de la política medioambiental de este gobierno colocar unas sombrillas... ya estamos más cerca del ‘Bienvenido Mr. Marshall’ por el ridículo que somos capaces de hacer.
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